martes, 13 de noviembre de 2007

"Cuento de la tarde", de Jorge Teillier




Es tarde.
El tren del norte ha pasado.
En tu casa la cena se enfría,
las madejas ruedan
desde la falda de tu madre dormida.
He estado inmóvil mientras hablabas.
Las palabras no son nada
junto a la hoja que resucita al pasar frente a tu cara,
junto al barco de papel
que me enseñaste a hacer.
No he mirado sino tu reflejo en el estanque.

Es tarde.
Las horas son madejas rodando
desde la falda de tu madre dormida.
Volvamos al pueblo.
Las ranas repiten inútilmente su mensaje.
Te ayudo a saltar un charco, te muestro un vagabundo
encendiendo fuego en un galpón abandonado.
Estrellas irreales hacen extinguirse
las miedosas sonrisas de los tejados rojizos.
Nada debe existir.
Nada sino nuestros inmóviles reflejos
que aún retiene el estanque
y esas hojas
a veces resucitadas al pasar frente a tu cara.