miércoles, 11 de junio de 2014

"Ezezagun bat txistuka ari da basoan", de Jorge Teillier. Traducción de Aitor Antuñano





Ezezagun bat txistuka ari da basoan.
Patioak belainoz betetzen dira.
Aitak maitagarrien ipuin bat irakurtzen du
eta neba hilak ate ostetik aditzen du.

Leihoan itzaltzen da
bidea adierazten zigun argizaria.
Ez genuen edireiten etxerako ordua,
bainan pausatzen gara nora joan jakin gabe
ezezagun bat basoan txistuka ari denean.

Gure betazalen atzetik negua ageri da
ekarriz elur bat mundu honetakoa ez dena
eta ezabatzen dituena gure hatzak eta eguzkiaren hatzak
ezezagun bat basoan txistuka ari denean.

Erran behar genuen ez gaitzaten jada itxaron,
bainan lengoaiaz aldatu gara
eta inork ezingo gaitu ulertu entzuten dugunok
basoan ezezagun bat txistuka.




















martes, 22 de abril de 2014

"La muerte ha venido a beber sangre" (manuscrito), de Jorge Teillier

Conmemorando los 18 años de su partida










lunes, 7 de octubre de 2013

"Nostalgia de la Tierra". Antología crítica de Jorge Teillier




Presentación el 7 de noviembre en la Feria del Libro de Santiago.












miércoles, 24 de julio de 2013

"Esto ocurre en un Bar Restaurant...". Poema inédito de Jorge Teillier enviado al poeta Juan Cristóbal en 1995



Hace algunos días atrás estuve revisando una carpeta que tengo sobre Jorge Teillier (críticas diversas, cartas, postales, etc.), cuando de pronto reparé en un poema que no tenía nombre y que estaba fechado, al final del poema, con el nombre del autor, añadiendo Primavera, 1995, o sea, unos meses antes de su fallecimiento. A pesar que siempre había revisado esa carpeta, esta vez me llamó poderosamente la atención ese poema, especialmente por la fecha. Entonces revisé un poemario póstumo, Hotel Nube, y tampoco estaba. Sospeché que podía estar en otro poemario póstumo, En el mudo corazón del bosque, que no lo tengo. Por lo que recurrí a preguntarle y enviarle el poema (escaneado) a Álvaro Ruiz. Lamentablemente no me respondió y habían pasado unos buenos días. Entonces recurrí a otra persona, Juan Carlos Villavicencio, a quien no conozco personalmente, pero que nos hemos estando carteando desde hace algún tiempo. Finalmente, después de varios días, me dijo que tampoco estaba en el poemario En el mudo corazón del bosque, por lo que tenía una versión de un poema inédito, en manuscrito, por un amigo y poeta entrañable como Teillier, con el cual me unió una amistad de más de 30 años. Dejo en manos de Juan Carlos Villavicencio el poema y este pequeño testimonio para que lo edite en el blog que tiene sobre Teillier, lo cual no significa que también podría hacerlo en otro lugar, como quedamos con el poeta Villavicencio.

Juan Cristóbal

Lima, 21 de julio, 20013


Nota Villavicencio:  Este poema es inédito en cuanto a que no se había conocido una versión en verso, pero sí una leída por el poeta Teillier, como queda consignado en el texto de Lorenzo Peirano llamado "No vi su rostro muerto", recopilado anteriormente en el Teillier Aleph.


Esto ocurre en un Bar Restaurant
Del Barrio Oriente
La garzona me pregunta si soy de verdad
            Jorge Teillier
Mientras me abre una botella de Blanco 120.
Le digo que sí
Y le regalo en una servilleta
Un cuarteto de Apollinaire.
Ella dice: “Estudié Literatura y ahora tengo
            que trabajar en otras cosas
Pero me gustaría más tener un poema suyo que de Apollinaire”.

Perdón Guillaume
No puedo en modo alguno compararme contigo

Eso pasó en Santiago de Chile
Donde tu amigo Blaise Cendrars
Escribió sobre el Sacristán Milagroso.

Fui a tomar el Metro
Ruido de carros y cantos de mendigos ciegos
Me di cuenta de que la poesía existe
Y repetí:
“Acuérdate, el Otoño ha muerto”.















lunes, 22 de julio de 2013

martes, 25 de junio de 2013

sábado, 9 de febrero de 2013

Tarjeta de Ancón Inn, bar en Panamá




Ancón Inn el paraíso de los hombres solteros
Donde las noches son verdes y las cervezas azules



















viernes, 26 de octubre de 2012

"El bar 'Unión'. Poesía, vino y nostalgia", de Ronnie Muñoz Martineaux






Ya restan pocos lugares en nuestra capital en que escritores, periodistas y otros bohemios puedan encontrar refugio para sus tertulias, nostalgias y sueños. Eso que se denomina el “progreso” y las desordenadas planificaciones urbanísticas se han encargado de sepultar restándole sus espacios a la encendida vida de bar. Con cuánta razón el poeta Rolando Cárdenas decía: “Amemos a nuestro bar que es nuestro segundo hogar”.

Un sitio que aún se mantiene incólume es el Bar “Unión” o donde “Wenche” en calle Nueva York 11, flanqueado por Ahumada y Bandera. Allí llegaban y lo siguen haciendo destacadas personalidades literarias, políticas y bohemios de pura cepa. Recuerdo haber compartido desde los años sesenta con amigos y escritores entrañables como Jorge Teillier, Rolando Cárdenas, el notable magallánico; Mardoqueo Cáceres, Ramón Díaz Etérovic; Emilio Oviedo y los maestros Enrique Carvallo y Homero Julio, entre otros. Eran días de vino, poesía y nostalgia.



Un poco de historia

El dueño del lugar es Wenceslao Álvarez, cuyo padre también llamado “Don Wenche” tuvo otro bar en pleno centro y luego se trasladó a la calle Nueva York, muy cerca de la Bolsa y en un sitio de gran intensidad peatonal y comercial. Ahí, desde hace más de medio siglo “Don Wenche”, su primo Senén y un grupo de ágiles garzones que lo secundan, siembran las mesas de vinos crepitantes y tragos que rápidamente llevan a los parroquianos a la alegría e interminables conversaciones sobre arte, deporte, hípica y mitos donjuanescos.



Las chispeantes tertulias

Actualmente pasan por este legendario sitio destacados políticos, periodistas, “tangueros”, poetisas como Yolanda Lagos, viuda del magistral Juan Godoy; Stella Díaz Varín, “la terrible colorina”, y los poetas Mauricio Barrientos, José Ortiz Suárez, Jaime Quezada, Aristóteles España entre otros.

Otros habitúes infaltables son: doña Quenita y don Carlos Valdés, quien, siempre vestido de gris, fuma un eterno cigarro en el mostrador. La tarde y el vino pasan como las nubes y el mesón del Wenche parece una gran barca a la que se aferran marineros, soñadores, piratas y grumetes.



La poesía siempre

Es del caso recordar que aunados por una selección del periodista Carlos Olivares se publicó el libro Nueva York 11 en la década de los setenta; ahora apareció otra antología poética preparada por Ramón Díaz Etérovic, que reúne a más de una decena que han pasado por el emblemático bar.

Nunca falta un bohemio que evoca los versos consagrados al vino por el gran poeta persa Omar Khayan: “Nuestro tesoro, el vino/ nuestro templo, la taberna,/ nuestras mejores amigas, la sed y la embriaguez”. También al atardecer más de algún parroquiano canta un tango; los ojos se humedecen y las botellas iluminan el crepúsculo. Al final, don Wenche, avisa a los parroquianos y timoneles que el bar se cierra. Ante la voz del almirante se pide la última botella y vienen los abrazos y despedidas de esa gran cofradía de amigos y soñadores que deben regresar a los cotidiano, a morirse un poco entre las calles santiaguinas.











en Revista Literaria Rayentru Nº 24, 2005












lunes, 24 de septiembre de 2012

"Intertexto del poema 'Cuando yo no era poeta', de Jorge Teillier", de Leonardo Sanhueza

Texto originalmente llamado "Cuando yo no era poeta"




El poema “Cuando yo no era poeta” pertenece al libro El molino y la higuera (1993), el último publicado en vida por Jorge Teillier. En él aparecen varios tópicos de su poética y ha llegado a ser uno de sus textos más conocidos y representativos: uno de sus “grandes hits”.

Sin embargo, me parece interesante mostrar un aspecto esencial pero ignorado: que no se trata de un poema original en el sentido habitual del término, sino que es una versión muy libre de un texto del poeta belga Christian Dotremont. El hallazgo se lo debo a Nadine Dejong, quien me enseñó, hace unos diez años, el poema del fundador del grupo Cobra.

A partir del paralelo entre ambos poemas no sólo es posible ver la “cocina” literaria de Teillier, sino reparar en ciertos reemplazos y equivalencias claves: la relación entre el deslumbramiento ante una quinceañera y la poesía, la memoria como fuente poética, el asombro como seducción.
Recordemos el poema de Teillier:




Cuando yo no era poeta


Cuando yo no era poeta
por broma dije era poeta
aunque no había escrito un solo verso
pero admiraba el sombrero alón del poeta del pueblo.

Una mañana me encontré en la calle con mi vecina.
Me preguntó si yo era poeta.
Ella tenía catorce años.

La primera vez que hablé con ella
llevaba un ramo de ilusiones.
La segunda vez una anémona en el pelo.
La tercera vez un gladiolo entre los labios.
La cuarta vez no llevaba ninguna flor
y le pregunté el significado de eso a las flores de la plaza
que no supieron responderme
ni tampoco mi profesora de botánica.

Ella había traducido para mí poemas de Christian Morgenstern.
A mí no se me ocurrió darle nada a cambio.
La vida era para mí muy dura.
No quería desprenderme ni de una hoja de cuaderno.

Sus ojos disparaban balas de amor calibre 44.
Eso me daba insomnio.
Me encerré mucho tiempo en mi pieza.

Cuando salí la encontré en la plaza y no me saludó.
Yo volví a mi casa y escribí mi primer poema.






El poema de Dotremont se titula “L’art d’être visible” y fue publicado junto a “Les Grottes du Tendre” en la revista Les Quatre Vents, nº 8, Paris, 1947. Ese número de la revista está dedicado a “Le langage surréaliste” e incluye textos de Duchamp, Breton, Artaud, Arp, Péret y Leiris, entre otros. También aparece en la edición de las Œuvres poétiques complètes de Dotremont (Mercure de France, 1998, pp. 167-168), que es la fuente que usé para traducirlo. Mi traducción es la siguiente:





El arte de ser visible


1

Quince años después de encontrármela, me convertí en cantante de la Ópera Cómica.
Acabo de mentir: nunca la conocí.
Pero una mañana ella vino a verme y me dijo que sí.
Ella tenía quince años.


2

La primera vez que se lo dije, ella andaba con una amapola en la mano.
La segunda vez, una rosa en el pelo.
La tercera vez, una violeta entre los labios.
La cuarta vez, se lo dije a una amapola, a una rosa, a una violeta, y desde entonces ya no se lo dije a nadie.
Ella tenía el arte de ser visible, a pesar de la realidad y la realidad, a pesar de nuestras categorías.


3

Ella había traducido a Gérard de Nerval en su lengua.
Yo le di lingotes de tinta, ella me dio barriles de relámpagos.
Era un primor.
Medias de mil quinientos francos.
La vida era dura en ese tiempo.
Nada le di — me lo devolvió cuando se fue.


4

Los ojos como revólveres de encanto.
Mi corazón estaba excesivamente conmovido.
Una dama de quince años que bajaba en patines por la calle Tiquetonne.
Se acabó: ya no la conozco.
Pero ella es perversa y ayer me la encontré. Le dije buenos días.
Desde ayer la memoria me huele a frutillas.




(L’art d’être invisible // 1 // C’est quinze ans après l’avoir rencontrée que je suis devenu chanteur à l’Opera-Comique. / Je viens de mentir : je ne l’ai jamais connue. / Mais voilà, un matin elle est venue chez moi et elle m’a dit que si. / Elle avait quinze ans. // 2 // La première fois que je le lui ai dit, elle portait un coquelicot dans la main. / La seconde fois, une rose dans les cheveux. / La troisième fois, une violette entre les lèvres. / La quatrième fois, je l’ai dit à un coquelicot, à une rose, à une violette, et depuis je ne l’ai plus dit à personne. / Elle avait l’art d’être visible, en dépit du réel et du réel, en dépit de nos catégories à nous. // 3 // Elle avait traduit Gérard de Nerval dans sa langue. / Je lui ai donné des lingots d’encre, elle m’a donné des barils de foudre. / Elle était chouette. / Des bas à quinze cents francs. / En ce temps-là, la vie était dure. / Je ne lui ai rien donné — elle me l’a rendu quand elle s’en est allée. // 4 // Les yeux comme revolvers de charme. / J’avais le cœur excessivement touché. / Une grande dame de quinze ans qui descendait la rue Tiquettone en patins à roulettes. / C’en est fait: je ne la connais plus. / Mais elle est perverse et hier je l’ai rencontrée. Je lui ai dit bonjour. / Depuis hier, j’ai la mémoire qui sent la fraise.)









en Onda corta, septiembre 2012









miércoles, 12 de septiembre de 2012

"Jorge Teillier: escritor" en La Belleza de Pensar, con Cristián Warnken



I




II




III




IV




V




VI







· 1995 ·



domingo, 12 de agosto de 2012

"Anüanülen ta ina kütral", de Jorge Teillier. Traducción de Víctor Cifuentes





Anüanülen ta ina füchanarchi kütral püle
Leliwülneñmafin ñi ange ta chem feypiwümenon ta iñche.
Leliwülfin ti metawe chew petu mülemum ta pülku,
Leliwülfin may tayu llawfeñ em mewüfkanetew ta kewlun kütral.

Tüfachi küyen ka feyti chi küyen kamüten kiñentrür nga iñchu
            ta pezantükufilu
Itultükunefule wüme nga ñi ange ta ina kütral,
Ka tayu llawfeñ llenga mewüfkanetew ta kewlun kütral.
Pefuli chinga kiñe nemül.

Tüfachi küyen ka feyti chi küyen kamüten kiñentrür nga iñchu
            ta pezantükufilu:
Petu lüykülüykümekekay ko, aychüfi ngachi intas anümka
            we mawünlu mew.
Welu tayu llawfeñ mewüfkanetew ta kewlun kütral
Zoy alün mongey ta iñchu mew.

Femi llenga, tüfachi küyen ka feyti chi küyen kamüten kiñentrür
            nga iñchu ta pezantükufilu
–Iñche meñolkefun em nga intas mew tüfichi puke kuwü,
            tüfichi puke kuwü
Apolkefuy em pülku mew ñi karu ngati–.
Kizu ta azkintunefi füchanarchi kütral.




















viernes, 10 de agosto de 2012

"Secret Autumn", de Jorge Teillier. Traducción de Mary Crow






When the loved daily words
lose their meaning
and bread cannot be named,
or water, or window,
and all dialogue has proven false
that wasn’t with our own desolate image,
when you can still look over the tattered Pictures
in your kid brother’s book–
then it’s good to greet the cloth and the dishes arranged on the table,
good to see that the cherry liqueur grandmother made
and the apples put buy for safekeeping
converse their happiness in the old sideboard.

When the form of trees
is merely the slight memory of their form,
a lie invented
by autumn’s turbid memory,
and days have the confusion of the attic
no one climbs up to,
and the cruel whiteness of eternity
makes Light flee from itself–
then something reminds us of the truth
we love even before we know it:
branches snap lightly,
the pigeon coop is filled with fluttering,
the granary dreams again of the sun,
we Light for the party
pale candelabras in the dusty parlor,
and silence reveals to us the secret
we didn’t want to hear.









en From the Country of Nevermore, 1990








lunes, 9 de julio de 2012

"Correspondencia pendiente con Jorge Teillier", de Floridor Pérez





¿Qué fue de la foto del niño que fui? Me gustaría verla ...
todos los álbumes desaparecieron tras la diáspora...
J.T. carta de julio 20/77

Tu foto de infancia se extravió en el diario.
Los duendes del taller me arrebataron
ese regalo de tu madre.
Desde ahora sólo conservaré la imagen
del niño que conocí en un carro de tren
detenido en la estación de Lautaro
ese verano del 48,
mientras don Fernando y don Tomás
se transmiten noticias
en una frecuencia difícil de sintonizar.

Sólo entiendo que por culpa de una Ley Maldita
las malditas enfermedades de sus mujeres
los embargos por deudas y el fantasma
de los destierros a Pisagua,
la situación tendría un desenlace impredecible
como su partida de ajedrez
por el campeonato de Victoria en los años 30,
suspendida para llevar al altar sus damas blancas
que amarillean en el álbum familiar.

Así las cosas no es raro
que tengas la edad de mi hermana mayor
a quien regalas la Historia de Chile
de Luis Galdames que llevas bajo el brazo,
despertando mi envidia
con ese gesto que a medias te hiciste perdonar
con dedicatorias y dedicatorias posteriores.

La frase “adjunto mi último libro”
se repite en tu correspondencia.
En tus Poemas Secretos el 66, anotas:
Separata de 50 ejemplares.
No es para crítica ni comercio.

Sólo ahora, 30 años después, descifro ese mensaje:
no viviste para la crítica ni el comercio
ni escribiste para el comercio de una crítica
que arriscó la nariz ante el aroma limpio
de tus hojas que caen con el cielo del país
que está más allá de las apariencias cotidianas,
pero oculto en esas mismas apariencias
y que nunca jamás
se revela a los que olvidan
las palabras heredadas de padres, vecinos, abuelos
dichas en la forma más directa,

como escribes en carta del 63.

Ya el 65 los médicos se alarman
pero a ti sólo un riesgo te quita el sueño:
ser abstemio para toda la vida,
no poder acompañar un asado al palo con un buen trago
es cosa de vida o muerte.
No sé cómo resolveré este problema.

Y no lo resolviste, o se resolvió solo -a costa tuya-
como un complejo problema de Mate en 3 Jugadas
que resolvías de pie junto al tablero, hablando de otra cosa
con un vaso en la mano, sin tocar una pieza.

Diez años después escribes:
tu carta la recibo en un lugar bastante apropiado
aquí se necesita compañía...

y lo repites diez años después, en otra clínica
y diez años después, un 22, suena el teléfono de abril
en esta capital tan parecida a una clínica siquiátrica,
donde cometo la locura de vivir
mientras tú juiciosamante regresas
a un pueblo de verdad
con calles y caminos de verdad,
donde el pie humano todavía deja huella.

Por uno de esos caminos polvorientos de tus poemas
te llevan al cementerio,
pero ahora las flores no son para la hermana,
son para el forastero que regresa
-había que arreglar la tumba familiar-
repartida por el mundo,
mientras yo elijo estas palabras claras y tranquilas
y espero hablar contigo bajo las raíces del aromo
o en esta misma calle Corrientes
que íbamos a recorrer juntos,
pero una vez más, tú volaste más alto.




Buenos Aires–Santiago, abril de 1996







en Trilce, Nº1, Tercera Época, junio 1997







lunes, 25 de junio de 2012

jueves, 19 de abril de 2012

"El molino" y "Lied de la higuera", de René Char

© Traducción de Juan Carlos Villavicencio



El molino

Un largo ruido que viene por el techo;
Las golondrinas siempre blancas;
El grano que salta, el agua que muele,
Y el recinto donde el amor se arriesga,
Relumbra y marca el paso.



en Fureur et Mystère, 1967






Lied de la higuera

Tanto heló que las lechosas ramas
Maltrataron la sierra, se rompieron las manos.
La primavera no vio reverdecer a las graciosas.

La higuera solicitó al señor de lo yacente
El arbusto de una nueva fe.
Pero la oropéndola, su profeta,
La cálida aurora de su retorno,
Al posarse sobre el desastre,
En vez de morir de hambre, murió de amor.



en Le Nu perdu, 1971






Le Moulin

Un bruit long qui sort par le toit; / Des hirondelles toujours blanches; / Le grain qui saute, l'eau qui broie, / Et l'enclos où l'amour se risque, / Étincelle et marque le pas. //



Lied du figuier

Tant il gela que les branches laiteuses / Molestèrent la scie, se cassèrent aux mains. / Le printemps ne vit pas verdir les gracieuses. // Le figuier demanda au maitre du gisant / L' arbuste d`une foi nouvelle. / Mais le loriot, son prophète / L' aube chaude de son retour, / En se posant sur le désastre / Au lieu de faim, périt d' amour. //









jueves, 22 de marzo de 2012

Carta de Pablo Neruda a la SECH en favor de Jorge Teillier




ISLA NEGRA
18-4-1964

Queridos compañeros:

Mi primera palabra sea para congratularlos por la honrosa designación de que han sido objeto al ser elegidos Directores de la Sociedad de Escritores de Chile por el nuevo período.

No sé si les parecerá insólito que en esta carta de felicitación, les solicite a ustedes que el primer acuerdo del nuevo Directorio sea el de derogar la suspensión como socio del poeta Jorge Teillier.

No es mi propósito discutir el origen de esta medida.

Sólo quiero decirles que me harían feliz si toman el acuerdo que les pido.

Mis fraternales saludos para cada uno de ustedes.




Pablo Neruda








miércoles, 28 de diciembre de 2011

Entrevista a Jorge Teillier, de Lorenzo Peirano



Lorenzo Peirano: Hablemos del poema "Nadie ha Muerto aún en esta Casa". Usted una vez me dijo que hay una premonición en este poema.
Jorge Teillier: Claro, era mi casa de Lautaro, pero nadie murió y todos murieron.

Se acabó la casa.
Claro.

Al poco tiempo vino el golpe…
No vino el golpe…

Sigamos.
Sigamos que es una casa de Lautaro, que es la casa construida por mi padre. Nadie murió, pero todos están muertos, porque ya nadie existe. Esa casa… yo la fui a ver y no había nadie, todos habían desaparecido. Pero eso lo supe antes del llamado pronunciamiento.

Ocurrió antes.
El poema, sí.

Por eso es como una premonición.
Sí.

Después vino el golpe.
Pronunciamiento digamos; para ser elegantes, para ser siúticos (toca madera).

Este poema no fue incluido en la antología del"Fondo de Cultura Económica". Curioso, ¿no? Debió haber estado.
Según su opinión. Según la mía…no, pero es bueno.

Descifrémoslo.
Un nogal. ¿Qué significa un nogal? Lo más antiguo, el cuidador. Las rosas, las viñas, había un parrón, todo. "Ninguna mano busca una mano ausente"(lee el poema); quiere decir que nadie busca a nadie. "El fuego (aún) no añora a quien cuidó encenderlo". Todos se van a ir; la casa se va a quedar sin fuego. "La noche no ha cobrado sus poderes". Todavía no ha llegado la noche. "Nadie ha muerto, pero todos han muerto"… por supuesto. Todos vamos a desaparecer. No es la muerte real, la muerte que todos tenemos que asumir, sino la muerte de una casa donde estaban sus habitantes. Murieron los habitantes, se acabó. Pero al final todo es optimista: los pasos van a ser los habituales; vamos a volver. "El fuego enseña a los niños su lenguaje / el rocío se divierte columpiándose en las rosas./ Nadie ha muerto aúnen esta casa". Después se borra todo, como se borran las casas. Pero fui a ver mi casa de Lautaro hace unos pocos meses. No había ningún habitante. Nosotros habíamos desaparecido; no quiere decir que estuviéramos muertos, excepto mi querido hermano Iván que está muerto, por supuesto.

Y también está muerta su madre.
Mi madre, sí. Pero la casa no esta muerta, está igual; está esperando. La casa me espera.

En su poesía siempre hay casas.
Un hombre sin casa no es un hombre.

Pero, ¿es una casa o son muchas casas las que hay?
Una.

La casa de Lautaro.
Digamos, la natal. La casa que los padres…

La casa de la infancia…
La casa que te dejaron los padres. No se puede renunciar a ella.







25 de febrero, 1995








miércoles, 23 de noviembre de 2011

"Pequena confissão", de Jorge Teillier. Traducción de Antonio Miranda





(en memoria de Serguei Esenin)


Sim, é certo, gastei meus cotovelos nas barras dos bares.
As donzelas me amaram mas preferia as putas.
Talvez nunca devia ter deixado
O país de tetos de zinco [*]  e cercas de pau.
No meio do caminho da vida
Vago pelos arredores do povoado
E nem sequer que se ouvem as carretas
Cuja música amo desde pequeno.
Despertei com vontade de fazer um testamento
— desejo que lhe ocorre a todo mundo —
Mas preferi olhar uma pistola
A única amiga que não nos abandona.

Tudo que se diga de mim é verdadeiro
E a verdade é que não me importa muito.
Me importar sonhar com caminhos de barro
E gastar meus cotovelos nas barras dos bares.

“É melhor morrer de vinho que de tédio”.
Sem pensar que possa haver novas colheitas.
Tanto faz que as amadas rolem de mão em mão
Quando se gastam os cotovelos nas barras dos bares.

Não devia jamais sair do povoado
Onde qualquer um pode ser meu amigo.
Onde crescem as iniciais gravadas
Na árvore do túmulo de minha irmã.

A aragem da manhão é sempre nova
E a saúdo com a uma velha conhecida,
Porque mesmo sendo um boxeador abatido
Vou dar minhas ultimas patadas.

E com o orgulho de sempre
Digo que as amadas podem rolar de mão em mão
Pois sempre é meu o primeiro vinho que oferecem
E gasto meus cotovelos nas barras do bares.

Como sempre voltarei para a cidade
Escutando um perdido ranger de carretas
E sonharei com tetos de zinc e cercas de pau
Enquanto gasto meus cotovelos nas barras dos bares.
















[*] Corresponderia aos nossos tetos de telhas de amianto. N.A.





















 

jueves, 10 de noviembre de 2011

"Confieso que he bebido". Nuevo libro de Jorge Teillier en FCE





Estamos en la década de 1980. Jorge Teillier es un exiliado en Santiago de Chile. Su familia cotidiana son su compañera, Cristina, y los parroquianos-amigos del restaurante Unión, más conocido como la Unión Chica. La familia directa ha debido repartirse por el mundo.

En 1980 y 1981, por invitación de Enrique Lafourcade, el poeta escribe en el diario El mercurio. Con amena erudición, ofrece crónicas sobre bares, restaurantes y costumbres culinarias de Chile y de países por donde anduvo de visita: Perú, Panamá, España. Dedica varios relatos a costumbres culinarias del mundo de antaño y de entonces. No falta, por supuesto, alguna crónica sobre comidas y bebidas de La Frontera, el terruño natal.

Un recuerdo entrañable viene a mi memoria: primavera de 1981, hora de almuerzo en un restaurante en Papudo, con mi padre-poeta y Cristina. El disfrute es máximo: vista al mar, cariño, una conversación espléndida..., y mariscos y pescados que, por ausencia obligada del país, llevaba siete años sin gozar.

De la mano de esa añoranza, invito hoy al lector a sentarse real o imaginariamente frente al mar y encarar la lectura de estas crónicas con una docena de ostras y un vino blanco, para invocar mágicamente la compañía insuperable del poeta Jorge Teillier.




Sebastián Teillier






Agradecimientos especiales a Camila Bralic


lunes, 24 de octubre de 2011

"Cuando mi cabeza era un girasol...", de Beatriz Ortiz de Zárate


a Jorge Teillier


Cuando mi cabeza era un girasol
bajo un cielo sin nubes
el rencor de los dioses
me arrebató el amor
de un ángel poeta.

Entró en la casa del vino
donde las uvas moradas
derraman el delirio.

Hoy las agujas del reloj
señalan la muerte.




1997







* Beatriz Ortiz de Zárate es pintora y la segunda esposa de Jorge Teillier. Se casaron el 8 de junio de 1963 y se separaron el año 1976.





jueves, 26 de mayo de 2011

jueves, 5 de mayo de 2011

"Trenes que no has de beber", de Jorge Teillier y Germán Arestizábal

Poemas y fragmentos de Jorge Teillier ilustrados por Germán Arestizábal





Yo me invito a entrar
a la casa del vino
cuyas puertas siempre abiertas
no sirven para salir.








Viajemos, antes que las aves
den comienzo al verano,
cuando vuelvan al estero
en busca de su olvidada imagen.








Una locomotora de lata
abandonada en la basura.
Una araña teje en ella su red
y sólo atrapa una gota de rocío.







Sólo nos queda mirar la luz de la luciérnaga,
ese débil chispazo de la hoguera del verano
más débil que la memoria de una ola.
Miremos la luz de la luciérnaga.
A ella se ha reducido el mundo.






Camino con el cuello
       del abrigo alzado
esperando ver aparecer luces
       de algún perdido bar
mientras huellas de amores
       que nunca tuve
aparecen en mi corazón
como en la ciudad los rieles
       de los tranvías
que dejaron hace tanto tiempo de pasar.














Publicado por Ediciones GrilloM, 1994






lunes, 25 de abril de 2011

"Pacto con Teillier", de Gonzalo Rojas







1. Lo que pasa con el gran lárico es que nació muerto de sed
y no la ha saciado,
ni aun muriéndose la ha saciado, ni aun yéndose
barranco abajo en Valparaíso este lunes, ni aun así
la ha saciado
dipso y mágico hasta el fin entre los últimos
alerces que nos van quedando, -¡yo
también soy alerce y sé lo que digo!-: lo que nos pasa con este Jorge
Teillier es que ha muerto.



2. Y yo aquí sin nadie, vagamundo sin él, en el carrusel
de la Puerta del Sol, vacío
entre el gentío, errando
por error, andando-llorando
como habrá que llorar hombremente en seco -la pena
araucana al fondo- a un metro
del mentidero de Madrid bajando
por la calle del Arenal a la siga de Quevedo
que algo supo de la peripecia
del perdedor, y algo y algo
de las medulas que han gloriosamente ardido.



3. Ay, polvo enamorado, ya este loco habrá
entrado en la eternidad de su alcohol
que era como su niñez, ya habrá bebido
otra vez sangre de cordero bajo la lluvia
a cántaros de Lautaro que fue su reino de rey
por parición y aparición, ya Lihn
le habrá llenado la copa, ya Esenín
le habrá abierto la puerta alta al gran despiadado
de sí mismo. Aquí le dejo
mi pacto que no firmamos a tiempo, la danza
de Isadora le dejo, el beso,
la risa fresca de Mafalda que no está, la
figura
de lo instantáneo de la que
pende el Mundo.












en Río Turbio, 1996














martes, 29 de marzo de 2011

"Jorge Teillier, el pasajero de la realidad oculta", de Luis de Paola






Ha pasado por España Jorge Teillier, primero entre los poetas chilenos de su generación y quizá de Latinoamérica. Sobrio como su poesía misma, dejó pasar ofertas -entre ellas la de una editorial de Barcelona para publicarle una antología-, se calzó su vieja manta de Castilla de color ajedrezado y volvió a Chile para fundar una revista (Cantalao), no sin que antes compartiéramos como dos buenos amigos que hace tiempo no se ven -para decirlo con letra de tango-, un poco de vino y de recuerdos. Nacido en 1935 en el pueblo de Lautaro (provincia de Cautín, al sur), desde 1956 en que publicó Para ángeles y gorriones, hasta 1971 en que la Editorial Universitaria da a conocer su precoz antología titulada Muertes y maravillas, la poética nostalgiosa, metarrealista y angustiada de Jorge Teillier sorprendió en América desde a Pablo Neruda y Mario Benedetti a Alfonso Calderón, Alone y Miller Williams. Neruda opinaba que después de Poemas del País de Nunca Jamás (1963), Teillier podía sentarse a esperar tranquilamente el aplauso de la posteridad. Su poesía, sin embargo, consta ya de ocho títulos de invariable belleza.

Hijo de sus obras y padrastro de las ajenas, como diría Quevedo, Teillier nos enseñó a muchos a jinetear el caballo de la poesía sin caernos demasiado. Nos enseñó, por ejemplo, que inventar un poema no conste en lanzar una catarata de imágenes y ritmos verbales llamativos, sino en empezar por decir toda la verdad, que quien lea esa última apelación deba meterse en una trama poética casi invisible (a lo René-Guy Cadou, a lo Montale) como en una telaraña. Es más: que el lector debe convertirse en cómplice o enemigo del poeta, ya que la aventura creadora es consecuencia y hasta sinónimo de la aventura de vivir, y no un juego para pasar el tiempo, puesto que en todo caso es el tiempo quien juega con nosotros.

«Porque no importa -postula- ser buen o mal poeta, escribir buenos o malos versos, sino transformarse en poeta, superar la avería de lo cotidiano, luchar contra el universo que se deshace, no aceptar los valores que no sean poéticos, seguir escuchando el ruiseñor de Keats, que da alegría para siempre».

Copio estas palabras en un departamento donde la avería de lo cotidiano amenaza averiarme los oídos (hay televisores y diálogos en la vecindad a tal volumen que se deben escuchar en Biarritz) y pienso que el silencioso oficio de la poesía es un resignado sacerdocio que no tiene como recompensa otro cielo que ella misma, mientras -como dice el propio Teillier- el sastre del tiempo cose nuestra mortaja.

Fueron tantos los que con igual vehemencia me hablaron bien y mal de él, que acaso por oposición a estos últimos -los envidiosos son muchos, y están muy bien organizados- nuestra amistad llegó a ser comparable a la de François Capella y Roch Siffredi, los románticos gangsters de la película Borsalino.

Ahora que en Chile es el tiempo de las nieves, me lo imagino bebiendo algo con el poeta Altenor Guerrero en los mostradores de los clubes pobres de Santiago con dúos de piano y batería, mirando los vidrios de colores a cuadros, los borroneados espejos de luna, las ruinosas escaleras de madera y recordando, con palabras de nuestro venerado Cadou, a los amigos ausentes: Venez donc car je vous apelle¨.










en El País, 3 de agosto, 1976















viernes, 4 de marzo de 2011

Presentación de "Metalenguajes sobre El fantasma del faro Evangelistas", basado en el poema de Rolando Cárdenas






El viernes 18 de marzo de 2011 será presentado el trabajo de investigación, fotografía y comic denominado Metalenguajes sobre El fantasma del faro Evangelistas, obra basada en el texto homónimo del poeta magallánico Rolando Cárdenas (1933-1990), perteneciente a los autores Juan Carlos Alegría (1958), Niki Kuscevic (1964) y Víctor Hernández (1970). Este trabajo beneficiado por el Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura en su convocatoria del año 2010, será presentado en el Patio de Luz del Centro de Emprendimiento y Cultura de la Ilustre Municipalidad de Punta Arenas, ubicado en calle José Menéndez # 741, a partir de las 19:00 horas. Se invita a toda la comunidad a participar de esta actividad










miércoles, 22 de diciembre de 2010

Recuerdo de Jorge Teillier hablando sobre Eliseo Diego, de Hernán Lavín Cerda







La primera vez que nos vimos fue en aquella hermosa casa de la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba), en julio de 1966. Nicolás Guillen nos presentó en su oficina. Recuerdo que mi carta de presentación, aquella carta invisible, fueron los saludos fraternales que le enviaba otro gran poeta-niño de nuestra lengua, Jorge Teillier, desde Santiago de Chile, aquel Chile o País de Nunca Jamás, de siempre, de los dominios perdidos, aquel País de la Infancia sumergida en la bruma que sólo puede alimentarse de memoria. Teillier me había dicho durante el otoño de 1964 en el Parque Forestal, junto al Museo de Bellas Artes: "Si alguna vez viajas a Cuba, pregunta por Eliseo Diego. Es un espíritu sabio y silencioso: un poeta excepcional. En su voz resucita la infancia de todos, que estuvo a punto de extraviarse para siempre. Habla con él, búscalo, no dejes de verlo. Nicolás Guillen es el poeta más conocido y divulgado, pero Eliseo es la otra voz, la visión más íntima, la épica de la niñez prodigiosa, la voz y la imagen sensible de los mundos interiores, la presencia de los espejos familiares que sutilmente rescatan el rostro múltiple de quienes fuimos y seremos durante la infancia. Como yo, Eliseo Diego es un lector muy entusiasta de las novelas David Copperfield, de Charles Dickens, La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson, y El gran Meaulnes, de Alain Fournier. Aún no lo conozco en persona, pero lo leo y voy descubriéndolo con asombro y devoción. Tuve la fortuna de leer algunos poemas de su libro En la calzada de Jesús del Monte, que se editó por primera vez en 1949, y me sentí deslumbrado. Hay algo misterioso y casi clandestino en la voz de Eliseo: es un soplo subterráneo que hace vibrar los vasos comunicantes entre la vida y la muerte. 'Ah el terrible esplendor de estar vivo,' como dice en uno de sus textos. Si algún día viajas hacia el Caribe y llegas a la isla de Cuba, pregunta por él y no dejes de verlo. Búscalo, querido Hernán, y que Nicolás Guillen o Cintio Vitier te digan cómo encontrarlo".

En aquella casa de La Habana, bajo el calor y la humedad indomables, conversamos sobre la nueva poesía de Chile y de Cuba, así como de Teillier y de su libro El árbol de la memoria ("Qué bellos poemas y qué título más afortunado", me dijo)...















Fragmento de "Eliseo Diego: El habitante de la memoria",
en Letras.s5.com














viernes, 29 de octubre de 2010

"Si alguna vez", de Jorge Teillier






Si alguna vez
mi voz deja de escucharse
piensen que el bosque habla por mí
con su lenguaje de raíces.










Publicado en el libro EN EL MUDO CORAZÓN DEL BOSQUE, 1997.











lunes, 18 de octubre de 2010

"La amada vikinga del poeta Jorge Teillier", de Miguel Núñez Mercado






La memoria de sus antepasados persigue a Cristina Wenke. Sus ancestros se remiten a los antiguos vikingos. En la lengua vernácula su apellido significa “valiente guerrero”. Sus raíces familiares están en el norte de Alemania. El pueblo de Olemburgo es el punto de partida.

Su casa está llena de recuerdos y retratos de antepasados de viriles y hermosas figuras. Ostentan uniformes con condecoraciones del Zar y del Káiser. Fueron “valientes guerreros” en conflagraciones de otros tiempos y otras tierras.

En su memoria se mezclan desde Antoine de Saint Exupery -que fue un eventual rival de su padre en los cielos de la Primera Guerra- hasta el creador de los Zeppelines. Hay, también, una historia de amor, que trajo a su abuela, enamorada de Emilio Williams, Cónsul de Chile en Bremen, a vivir a Talca. Allí creó, entre otras cosas, el Molino Williams.

Son los personajes reales de una novela que Cristina Wenke pretende escribir algún día. Por ahora, la guarda entre sus numerosos recuerdos. Su historia más cercana tiene como protagonistas a sus padres, el condecorado piloto alemán de la Primera Guerra Hans Wenke y Senta Williams. Aunque ya no están, su memoria aún le humedece sus ojos azules.

Él trajo a Chile la estirpe vikinga de los Wenke. Trabajó en el Molino Williams y administró un fundo en Colchagua. También, junto a Roger Magdhal -y Luis Bastidas-, fueron los introductores de la Palta Fuerte en Chile. Compró las tierras donde aún existían huellas del antiguo Convento Jesuita de San Pascual (Las Condes).

Allí, Cristina Wenke nació y vivió una hermosa infancia. “Yo -recuerda- conviví mis primeros años con un maravilloso misterio. En la casa descubrí que había subterráneos con viejos túneles y celdas. También me convencí que existían duendes, que se paseaban por todas las piezas. A veces, creía verlos o los escuchaba cuando golpeaban las puertas o ventanas”.

A principios de los años 30 Hans Wenke compró, a la sociedad Mattei y Schwenke, el Fundo el Molino del Ingenio, en el límite entre La Ligua y Cabildo. Su madre se enamoró del valle. “Entonces era una viña. Ella decía que se había enamorado de la magia del valle, de su ambiente, del clima, de la luz que irradiaba. Además, había sido una propiedad de ‘La Quintrala’, lo que, después, para mí fue algo maravilloso”.

La precoz imaginación de Cristina Wenke vaticinaba que en sus genes tenía vocación artística. “Mi bisabuelo -dice- coleccionó valiosas obras de arte y mi abuela fue pintora, poetisa y, además, cantaba”. Los largos años de internado en el Santiago College no lograron aplacarle sus sueños de ser artista.

A los 16 años, dejó el colegio y se dedicó a la danza. Tuvo por maestro a Ernst Uthof. “Aunque demostré que tenía condiciones para el baile moderno, me retiré‚ luego. No soportaba al profesor de ballet clásico, quien me decía que por tener las piernas largas no podría llegar a ser una buena bailarina”.

Ingresó a la Escuela de Bellas Artes a estudiar Pintura y Escultura. Allí conoció al escultor Ricardo Mesa. Se enamoró y se casó con el. Vivió, junto a su marido, años fervorosos. Estudió en Alemania, con el maestro Tomas Stadler. Viajó, seis meses, por Italia con un anafe para ahorrarse la comida. Fue parte de la delegación chilena en el Primer Festival de la Juventud en Rusia. Un viaje que no olvida.

Después de varios años de casados, Cristina Wenke y Ricardo Mesa se separaron. Entretanto, había nacido una hija de ambos: Vinka. Su retrato de niña, pintado por su madre, cuelga de uno de los muros de su mágica casa -ahora modernizada- de la calle San Pascual de Las Condes.

A través de las ventanas se ve a un pequeño “duende” que juega entre los árboles. Es su nieto Andrés. Como los antiguos fantasmas de la infancia de Cristina Wenke recorre, revoltoso, todos los rincones de la casa. De repente, aparece y desaparece en la tenue oscuridad de una tarde que anuncia lluvias.



JORGE TEILLIER: UNA “RARA AVIS”


Sin embargo, la historia de Cristina Wenke está ligada, más que nada, al poeta Jorge Teillier. Se conocieron en las graderías del Estadio Nacional, en una actividad política. Fue un día de fines del año 1972 en que Fidel Castro, de visita en Chile, era el orador principal.

Cristina Wenke recuerda que “fui invitada por el pintor Germán Arestizábal. Él era amigo de Jorge y, ambos, habían quedado de encontrarse en el estadio. Yo no lo conocía personalmente, pero sabía que era poeta. Había leído su libro Para Ángeles y Gorriones.

Entonces, Jorge Teillier era una “rara avis” para la poesía chilena del momento. Era extraño que en un tiempo de profundas definiciones políticas, un poeta escribiera: “Los labios del tiempo despiertan/ y pronuncian, mojada de lluvia/ la primera palabra que recuerdan...”. Era la descripción de un invierno en Lautaro, la ciudad natal de Jorge Teillier Sandoval.

Cristina Wenke recuerda que “aunque yo también escribía -pues he tenido varios talentos, pero no constancia- ese día no hablamos de poesía con Jorge. Creo que conversamos un rato de lo que había dicho Fidel. Luego nos despedimos como dos personas que sólo recién se conocen. Me quedó su imagen de un hombre muy apuesto, inteligente y sensible. Nada más”.

Durante varios días, Cristina Wenke no supo nada del poeta. “Mi amigo, el escritor Armando Casigolli, me dijo que estaba muy mal, pues había tenido un ataque de ‘delirum tremens’. Sin embargo, el sábado 17 de octubre de 1972 llegó a verme a mi casa de San Pascual. Su salud estaba bien y allí comenzó el idilio”.



UN CABALLERO DEL SUR

Pese a la dulce atmósfera de sus poemas, no fue un inicio romántico. “Alguna vez me dijo que para él yo era `infinita, enorme y maravillosa’. Hasta me dedicó más de un poema. Sin embargo, cuando le recordaba su falta de manifestación de afectos, Jorge decía que él era un ‘Caballero del Sur’, que este tipo de señores era duro en mostrar sus emociones románticas”.

“Repetía -agrega Cristina Wenke- que había una serie de normas que le impedían hacer tal o cual cosa. Solía repetir una frase que, según él, era del pistolero Billy the Kid: ‘Los tiempos cambian, pero yo no’. Trajimos sus cosas desde la casa donde vivía en José Miguel de la Barra y comenzamos a vivir en San Pascual”.

Ambos estaban separados. Jorge Teillier había dejado atrás su matrimonio con Sybila Arredondo, quien partió a Perú a vivir con el escritor José María Arguedas. Con ella había tenido dos hijos: Carolina y Sebastián. Además, había terminado una fervorosa relación con Beatriz Ortiz de Zárate, que le costó el odio secular de quien fuera, hasta entonces, su amigo: el poeta Enrique Lihn.

Cristina Wenke sostiene que el poeta Jorge Teillier siempre fue un seductor. “Era un hombre apuesto. Tenía unas facciones perfectas y era delgado, a veces, en extremo. A mí, quizás por mi oficio de escultora, me llamaba la atención su frente. Le decía que allí lo había besado Dios. A él le gustaban esas palabras”.

La escultora sostiene que “no sólo seducía a las mujeres. También los hombres quedaban pasmados por su inteligencia y su memoria. Sus poemas seducen. No se explica de otro modo esta verdadera devoción que tiene entre los jóvenes de hoy”.



CON LOS CODOS EN LOS MESONES


Sin embargo, Jorge Teillier no llegó solo a vivir a la casa de San Pascual. El poeta quien reconocía en sus poemas que “había dejado los codos en los mesones de los bares”, padecía de una grave adicción al alcohol.

Jorge Teillier le dijo al escritor Carlos Olivares, que los publicó en sus Conversaciones... : “Estamos aquí, en un bar, conversando hace tres horas...No va a haber otros como nosotros en unos años más en Chile...Esto es una aristocracia”.

Cristina Wenke dice que tratar de hacerlo entender que debía curarse de su adicción fue su gran batalla. “Desde que llegó a mi casa traté que dejara de beber. Nunca perdí la esperanza. Era un hombre tan inteligente, que no necesitaba estímulo alguno para crear sus poemas o aprender cualquier cosa que se le antojara. Tenía una memoria privilegiada y recordaba hasta las cosas más inverosímiles”.

En unas cuantas oportunidades, Cristina Wenke consiguió internarlo en clínicas de rehabilitación. “Incluso, una vez Enrique Lafourcade lo llevó a su casa y lo invitó a varios tragos donde diluyó pastillas para que se durmiera. Costó mucho, pero al final lo venció el sueño. Allí llegaron los enfermeros que se lo llevaron. Sin embargo, todo era en vano y, después de algunos días, desaparecía de la casa y volvía a beber. Si yo le recriminaba su conducta, me acusaba de nazi”.

Pese a su adicción alcohólica, Jorge Teillier no perdía nunca su condición de “Caballero del Sur”. “A su lado podían estar todos borrachos, pero él no perdía su compostura. Se mantenía lúcido y cuerdo. Se acordaba de todo, citaba poemas enteros. Recordaba cosas, con detalles, que cualquiera otra persona había olvidado. Sabía que el trago, que era su compañero desde la juventud, lo estaba matando, pero él no era capaz de vencerlo”.

Sin embargo, no era un predicador del vino. Cristina Wenke recuerda: “A veces se le acercaban personas que le decían que eran alcohólicos y él se enojaba. Los reprendía diciendo que él sufría mucho por su adicción al alcohol y que no era ninguna razón para estar orgullosos”.

Pero Jorge Teillier seguía en lo mismo y diciendo que se iba a matar en algún momento. “Incluso hasta anunciaba en la prensa la fecha de su muerte. Durante muchos años tuvo una pistola, con la que decía que terminaría suicidándose. Pero, en realidad, se estaba matando, lentamente, todos los días”, sostiene Cristina Wenke.

La escultora cuenta que “una vez le mandé a hacer un horóscopo especial con un astrólogo, que consideraba lugar, fecha y hora del nacimiento. El hombre analizó los datos y quedó impresionado. Preguntó por qué tanta belleza, inteligencia y sensibilidad, en un ser tan autodestructivo. Comentó: ‘se está haciendo pedazos de a poco’. Yo lo sabía y él también”.



EL MOLINO DEL INGENIO

Cuando fallece la madre de Cristina Wenke, el Fundo el Molino del Ingenio se dividió entre los cuatro hermanos. “A mí me correspondió la parcela donde estaba el molino. Me fui con Jorge a vivir allá, en 1987, creyendo que en el campo podría ayudarlo a salir de la bebida. Construimos una casita para que él tuviera un estudio y sus cosas. Allí escribió bastante y pudo leer sus libros, que eran miles”.

En sus primeros tiempos en su nuevo hogar el poeta se sintió tranquilo. “De todos modos, echaba de menos a sus amigos. Hablaba del sur como del Paraíso perdido. Reclamaba porque en La Ligua y Cabildo no encontraba poetas. Decía que los poetas sólo podían nacer entre los bosques y la lluvia sureña. Después aseguraba que todo Chile quedaba al sur del mundo y que la Ligua y Cabildo también eran el sur del planeta”.

Cristina Wenke dice que trataba que el poeta se quedara en casa. “Sin embargo, siempre se las arreglaba para salir. Decía que tenía que ir al Correo o a sacar fotocopias. Alguna vez le dije si no era mejor tener una fotocopiadora en la casa. Uno sabía que era sólo el pretexto para salir a beber en los bares de La Ligua o Cabildo. Por allí había hecho amigos con los que compartía sus tragos. Él prefería a la gente sencilla y le gustaba escuchar más que hablar. Volvía a casa bebido y contando las más extraordinarias historias que había oído”.

Algunos de estos relatos se los contaba en numerosas cartas a sus amigos. “Escribía como si estuviera desterrado, loco o muerto. Los firmaba con nombres de poetas que ya no estaban vivos. Aunque siempre mantenía el remitente de la Casilla 52, El Molino de Cabildo, para que le respondieran. Aunque él decía que ‘el poeta no es de este mundo’, siempre comprendí que necesitaba ese vínculo. Pasábamos algunos meses en la casa de San Pascual en Santiago. Él se trasladaba al Bar ‘La Unión Chica’, donde se juntaba con otros poetas”.

Jorge Teillier le confesó a su amigo, el escritor Carlos Olivares, “El poeta tiene que vivir para escribir, pero cuando de repente una mujer se da cuenta que para un poeta es más importante un poema que estar con ella, empieza el conflicto. Ahora, al trago no sólo le tienen celos, le tienen horror. Pero resulta que muchas personas son insoportables sin trago”. Cristina Wenke define un rasgo desconocido del poeta. “Era machista. Decía que `rara vez surge una buena idea de la cabeza de una mujer’ “.



LA VIDA: UNA MORADA IRREAL

La relación entre el poeta y la escultora se mantuvo en el tiempo. “Jorge -dice Cristina Wenke- vivía conmigo y tenía su estudio aparte. Allí tenía sus libros, sus retratos de equipos de fútbol, de boxeadores que yo desconocía, de cantores de tango, de estaciones ferroviarias. Decía que a La Ligua le faltaba su estación de trenes y que la de Cabildo estaba cerrada. En realidad, los trenes habían partido hacía mucho tiempo, pero él tenía un amor enorme por ellos. En su infancia en Lautaro vivía a media cuadra de las vías férreas”.

El poeta compartía su casa-estudio con perros y gatos. “Su gato ‘Pedro’ aparece hasta en sus poemas. Era un animal astuto, y tenía actitudes como de un ser humano. A veces, cuando veía que el perro ‘Tommy’ iba a pasar por su lado, se hacía el dormido. Apenas estaba al alcance de sus garras lo tomaba de una pata. “Tommy murió un año después de la muerte de Jorge, en la misma fecha”, recuerda Cristina Wenke.

Pese a que la escultora nunca dio por perdida su batalla por rehabilitar del alcohol al poeta, dice que fue no fue tan difícil vivir con él. “Quizás nunca comprendió que todo lo que traté de hacer por él fue por amor. Tal vez yo tampoco comprendí su alma atormentada por todo lo que él creía perdido. Sus poemas reflejan ese mundo de la memoria, donde realmente él habitó siempre. Yo sé que él también me quiso y le gustaba estar conmigo. Unos tres días antes de su muerte, se acercó a mí y me tomó entre sus brazos. Fue una cosa hermosa y emocionante. Sentí que fue como saldar una serie de cuentas que ambos teníamos pendientes”.

Cristina Wenke sabía que el poeta moriría pronto. “Ya no hacía caso de nada. Yo trataba que cumpliera las dietas que aconsejaban los médicos. El decía, como siempre, que moriría pronto. “Me voy a morir -profetizó el poeta- frente a un molino. Si lo quiere Dios y la Virgen Santísima, en la que no creo, excepto en la Virgen de Petorca. El 22 de abril de 1996, la siempre milagrosa Nuestra Señora de la Merced le cumplió su íntimo deseo”.

Un año antes de su muerte, Cristina Wenke, también había tenido un sueño premonitorio. “Era la visión de una mujer que le traía al poeta una túnica alba para que se la pusiera. Jorge, muy contento, se la probó y, ante mi asombro, le sentaba maravillosamente bien... Ella se fue y estuve varios días tratando de descifrar ese sueño. Se lo conté a un amigo, que me preguntó: ‘¿Era una túnica de ángel?’. Sí, eso era. Ahí supe que Jorge debía regresar”.











en La página de Andrés Morales






miércoles, 6 de octubre de 2010

"Notas sobre el último viaje del autor a su pueblo natal", de Jorge Teillier

Fragmento




1

En el pueblo
donde algunos me conocen
como el poeta cuyo nombre suele aparecer en los diarios,
paseo por la Calle Comercio
que ahora se llama Avenida Bernardo O’Higgins
(Como en Santiago).

He comulgado con la tierra.
Voy a la Sidrería
Allí están los parroquianos de siempre
y me saludan mis viejos compañeros de curso
que sueñan con ser alcaldes o regidores o comprarse
            una citroneta.
Ha cerrado el cine.
Aún quedan affiches que anuncian películas de sepia.
A lo largo de los cercos
las ortigas siguen hablando con su indestructible lenguaje.
En el techo de mi casa se reúne el congreso de los gorriones.
Pienso por primera vez
que no pertenezco a ninguna parte,
que ninguna parte me pertenece.






 












martes, 28 de septiembre de 2010

"Conversaciones con Jorge Teillier", de Carlos Olivárez

Extracto





Carlos Olivárez: Yo encuentro que tú tienes simpatías por un tipo de personas con oficios o costumbres medio outsiders, que son boxeadores, futbolistas, hípicos, cantantes de tangos. No son personas de grandes éxitos. Recuerdo que en una oportunidad diste una charla sobre el tango y el estrado estaba en un ring.
Jorge Teillier: El presidente era Ramón Tapia, que fue tercera medalla olímpica en Melbourne, peso medio pesado.

Estabas rodeado de una serie de boxeadores tristes.
Además, era un club de admiradores del tango. Sabían muchísimo. Sabían quien cantó “Percanta que me amuraste”. Yo pregunté: ¿alguien sabe cómo se llamaba originalmente ese tango? Levantaron la mano todos. Se llamaba “Lita” y después se cambió a “Mi noche triste”.

¿Has pensado por qué en este mundo de los tangueros, de los boxeadores y futbolistas se da este tipo de erudición?
Construyeron un mundo propio, no diré marginal, porque marginal tiene un tono peyorativo; pero se trata de un mundo personal, completamente autónomo, con sus jerarquías y noblezas.

Ahora eso no es posible. El margen es donde está la luz.
Tienes razón. Para llegar a ser agregado cultural, primero hay que lavar las calles de las putas. Estar al margen, cierto margen. Para llegar al éxito, primero hay que ser marginal. Lo que hablo es de otra cosa. El tipo marginal por voluntad es alguien que consagró la vida a lo que realmente amó. Un tipo [que] amó la hípica, como quien conocemos de la Unión Chica: Augusto Morales. Fuera de haber estudiado leyes, compañero de Miguel Arreche y Alberto Rubio, se dedicó después a la hípica y al tango, pero no es un hombre marginal: es un hombre realizado.

Los norteamericanos tienen una palabra para esto: el outsider, el que se puso fuera de la maquina de la producción.
Pero si soy un outsider y estoy fuera de la máquina entonces no ingreso nunca. No entro a un partido político, no entro a un gobierno, no me interesa lo contingente. A lo mejor es eso lo que me interesa. Si me interesa la poesía antes que nada, soy un outsider.

O el anarca, el que no reconoce la autoridad.
El anarca es distinto. No es un revolucionario. El revolucionario es un hombre que quiere cambiar la sociedad. El anarca quiere ser él y que todos hagan lo que quieran. Eso es lo que dice Jünger.

Yo podría comprender la erudición de un hípico. De su sabiduría depende el dinero que tiene en juego.
Además, está su respeto de los iguales: ¿cómo va a saber menos? Tiene que saber quién fue el padre o el abuelo de tal yegua, y tiene que saberlo con exactitud.

Pero la erudición de los tangueros...
Conozco gente aficionada al tango que se han dado de combos porque uno decía que “Marionetas” de Tallin la había cantado mejor Florean Ortiz que Gardel. Se armó una batahola.

Bueno, son cosas inaceptables. ¿Quién podría aceptar tamaña falta de respeto?
Son principios de vida, también los futbolistas. ¿Qué pueden decir si alguien les pregunta un dato? Van a dudar. No es posible, ellos deben saberlo todo.

Y tú ¿sabes, por decirte algo, la alineación del Colo Colo del 1941?
¿La alineación del Colo Colo del 1941? (Esto está transcrito textualmente, sin ninguna aclaración posterior). Bueno, creo que sí. Veamos: Diano, argentino, al arco; Salfate y Camus en la zaga; Hormazábal, Pastén y Medina; Zorrel, Zocarrá, peruano, Domínguez, Norton y Rata Rojas. Están los once. Fueron campeones invictos.

¿Esta erudición es inútil?
¿Por qué va a ser inútil? Es una manera de sobrevivir. Todo el mundo necesita un estímulo. Del mismo modo que conozco a gente que compra todo lo que se publica en poesía.

El paco Rivano me dijo que él era quien había publicado por primera vez a Rolando Cárdenas en unas hojas que él editaba.
No. Publicó a Rolando, y a mí también, pero no fue lo primero.

Este tipo de personajes del que estamos hablando, ¿será una especie en extinción?
¿Cómo va a estar en extinción el fútbol y la hípica? Es gente que ha realizado el sueño chileno cuando llegan a saber los detalles de su profesión. Los boxeadores tienen mucho que ver con los escritores, poseen rasgos comunes: tienen éxito si tienen un buen manager; tienen publicidad, popularidad.

¿Éxito con las mujeres?
Todo poder tiene éxito con las mujeres. Al poder llegan las mariposas nocturnas. Después todos quedan abandonados con sus viejos recortes color sepia. La del boxeador –como la del escritor- es una carrera solitaria. Si no es solitaria dejas de ser escritor y empiezas a ser empresa.

Brodsky afirma en el discurso de aceptación del Premio Nobel que los poemas de Valery sólo podían ser escritos por él. El mejor escritor para los poemas de Valery era Valery. Nadie podía ayudarle.
Valery consultaba a Mallarmé.

No importa. Él sabrá si le hace caso o no, igual que el boxeador cuando está peleando es él contra otro que está en las mismas.
Tiene que enfrentarse a un público que es él mismo. Son actividades solitarias y al final, si no se han cuidado, se termina solo y abandonado. Cuando hemos hecho un recuerdo de tantos poetas podemos hacer un recuento de tantos boxeadores. Hay un nacimiento parecido. Un hombre nace para pelear y el otro para escribir. No quiero hace ninguna glorificación del boxeo, pero en este tipo de personas hay algo que me interesa; no puedo explicarlo claramente por qué.














1993