miércoles, 30 de enero de 2008

"Donde se relata el fin de esta historia", de Jorge Teillier y Juan Cristóbal

Capítulo XIII de la serie "La Isla del Tesoro"




Tripulante Glorioso del «Junneau», se acerca la hora de los hornos y debemos persignarnos en La Posada del Diablo para que las ortigas no hieran nuestros huesos. Una amiga de la Isla de Nunca Jamás, parecida al Hada de los Sueños, se embarca para ésa, le lleva un recuerdo a tu hija, mi católica y morada ahijada: una hermosa siempreviva y a tu hijo, el Parlanchín de los Vigías, un Mapa de Morgan, parecido a la luz parda de las ballenas cuando es poblada por el cielo transparente de los tulipanes y recuerdos. Te recomiendo, enséñale a la niña, la Posada del Sol y la Luz de los Abismos. Ella toma fotos y sabe mirar las estrellas con sus ojos. Puede contarte cosas de estos veleros idos a pique en toda la extensión de las cenizas, mientras diabólicos grumetes se alimentaban de calaveras de cordero llevadas a domicilio. Cuéntame cómo viven los amigos y los feligreses en Chosica: en las iglesias, en los cementerios y en las Casas de los Locos, las feroces comisarías y todos esos lugares donde el viento hace de las suyas con la lluvia y la sombra de los ríos. A todos los amigos les envío abrazos en vez de frutas. Por aquí son muchos los que sueñan con «el cofre de aquel muerto» cuando los más fieros piratas repetían: «¡Viva el ron! ¡Viva el ron!» y estábamos de acuerdo. Ya poco queda por hacer por estas playas, lo presiento, (el diablo y la bebida harán el resto): leer a Rilke, Milocsz y al feroz Dylan Thomas siempre más alegre que nosotros, paseándose lleno de sueños en su vieja calesita y en el tiovivo de los niños con sus 18 vasos de whisky a cuesta. No dejes, viejo amigo, de amar los abedules del granuja Serguei Esenin o el alcohol quemado de las noches desasidas. Ya no resisto más el peso de la realidad y los extramuros de mi vida, como dicen los mendigos de mi pueblo. Adiós y buen viento, no dejes de escribirme, que la dicha sea con vosotros y que los fantasmas e mi alma crezcan como los trigos en el campo o en el peñasco amarillo del silencio. Aprende a beber como los jóvenes la amarga cerveza del exilio.