Recuerdo tus palabras
mientras las nubes se reunían
preparando una lluvia
que yo no esperaba.
Hablabas de ciudades
donde nadie amaba a nadie,
de bares donde sólo hallabas desconocidos,
de gorriones a los que dabas migas de pan
en parques solitarios.
Recuerdo tus palabras,
pero recuerdo más aún tu silencio
que se reunió al gran silencio de antes de la lluvia.
y entonces huimos tomados sin saber cómo de las manos,
ensordecidos por el estruendo de la lluvia.
en El árbol de la memoria, 1961





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