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viernes, 29 de octubre de 2010

"Si alguna vez", de Jorge Teillier






Si alguna vez
mi voz deja de escucharse
piensen que el bosque habla por mí
con su lenguaje de raíces.










Publicado en el libro EN EL MUDO CORAZÓN DEL BOSQUE, 1997.











jueves, 17 de diciembre de 2009

"Sé que pronto terminará el otoño", de Jorge Teillier





Sé que pronto terminará el otoño.
¿Se acordarán de ti, de mí o de nosotros
los cesantes recogidos por el Empleo Mínimo
a quienes veíamos rastrillar hojas muertas en las plazas?

Hace frío. Dos grados bajo cero
según anuncian sonrientes las bellas del Noticiario.
Eso te deprime.
Viaja al verano del Oso y el Madroño
o a las orillas del Mediterráneo africano.

Yo digo: “Tal vez esto va a
terminar luego. Estoy cansado
de relectura
de vivir de nuevo.
Y no tengo mucho qué decir. Antes
que escribirte
me gustaría cerrar con el índice tu boca
como última señal de cariño”.










Publicado en el libro EN EL MUDO CORAZÓN DEL BOSQUE, 1997.





* El Oso y el Madroño refieren a una famosa estatua ubicada en la ciudad de Madrid, España. Representa los principales símbolos heráldicos de la ciudad. Obra del escultor Antonio Navarro Santafé (1906-1983), fue inaugurada en 1967 y ubicada en la Puerta del Sol, siendo realizada en piebra y bronce, llega a pesar 20 toneladas y a medir 4 metros de altura.

© Nota de Juan Carlos Villavicencio









martes, 31 de marzo de 2009

"Carta de Chile", de Jorge Teillier





A Nemesio Antúnez in memoriam

Abro un sobre de luto.
Carta llegada de Chile.
Y encuentro una cama de bronce
vigilada de amarillo
y de sábanas azules
azul velamen
para volar en el azul.

Gracias a usted Nemesio
Harpo Marx
toca su arpa inmortal
en los barrotes amarillos.

Sabíamos
que la cama donde nos desposamos con el sueño
es el mejor medio de transporte
y usted lo ha conseguido.
Usted ha demostrado
un blanco que vive a mano izquierda
para que nunca más las derechas
tengan derecho
a quitarnos la increíble transparencia
de un mundo que nos enviaba cartas
que nunca necesitaban un franqueo.









Publicado en el libro EN EL MUDO CORAZÓN DEL BOSQUE, 1997.






















miércoles, 20 de agosto de 2008

"No fue el helado viento", de Jorge Teillier





                                        No fue el helado viento
                                        quien marchitó las ramas.
                                        Quien marchitó las ramas
                                        fui yo, que les conté mis sueños.

Conozco los senderos de hojas holladas por las brujas
que vienen con husos de lana
y sé donde relumbran los pies de las hadas
en la pálida espuma.

Conozco el país dormido
donde vuelan en círculo las garzas
donde vuelan graznando
sin librarse de sus cadenas de plata.
Por allí erran un padre y una madre
ciegos y sordos a cuanto no sea
el graznido de las garzas.
Errarán hasta el fin de los tiempos.
Ya lo sé. Y lo saben también las garzas.

                                        No fue el helado viento
                                        quien marchitó las ramas.
                                        Quien marchitó las ramas
                                        fui yo, que les conté mis sueños.








Publicado en el libro EN EL MUDO CORAZÓN DEL BOSQUE, 1997.








viernes, 18 de julio de 2008

"¿Por qué este lugar no me dice nada?", de Jorge Teillier






¿Por qué estoy en un lugar
que no me dice nada?

¿Y por qué surge dentro de mí una voz
que me habla en el sueño más profundo
y me despierta sin que pueda recordarla?

Hablar no es vivir,
pero vivir sin esa voz es mi doble muerte.

Si yo muero
¿quién va a escuchar esa voz
que me habló y nunca pude oír?

          “Entre el olvido y yo
          se despierta una mujer desconocida”.
               (escuchado en sueños)











Publicado en el libro EN EL MUDO CORAZÓN DEL BOSQUE, 1997.














domingo, 6 de julio de 2008

"Por alguna razón personal", de Jorge Teillier






Por alguna razón personal
fui a oír blues en un pequeño sitio lleno de humo
en un barrio de Avellaneda
en vez de pasearme escarbando la oscura noche.

Allí estaban cantando a dúo Carmen Gloria y Alejandra
nadie las oía sino yo
los fumadores sólo habían dejado colillas y cigarros
yo llamé al único garzón
y les envié un mensaje en una servilleta:
“Alejandra morirás feliz en el suicidio
Carmen Gloria vivirás feliz obsesionada por la muerte
no llames nunca al 103
tú eres la información
la más bella de las informaciones”.























jueves, 26 de junio de 2008

"Yo no sé cuál es tu hogar", de Jorge Teillier






Yo no sé cuál es tu hogar
pero sé que has perdido tu hogar.

Sé que hay una casa
con ventanas clausuradas.

Pero todas las noches
los caminantes entrevén una luz
siempre encendida
en la cabecera del niño moribundo.

           “No tiene un hogar
           sólo tienes libertad
           de errar por todas las tierras
           sin encontrar hogar”.


No sabes si tu hogar
es la choza que hizo el pescador de truchas
o el castillo incendiado
donde sobrevive sobre el techo
el gallo de acero inoxidable.

No tienes un hogar
no tienes un domingo después de misa
donde repartir pan a bulliciosos amigos
donde las viejas tías siguen tejiendo a crochet
y los ancianos duermen tras el postre de leche nevada.

No tienes un hogar
sólo montones de papeles que cualquiera puede convertir
           en cenizas
sólo ropa que será entregada a las polillas
sólo un lecho que será lanzado al río.

No tienes un hogar
como el anciano chino
que en el año de su suerte vive feliz con un cerdo en casa.

Los tabiques de la noche son demasiado débiles
y no puedes afirmarte en ellos
los ojos no quieren abrirse a la luz del alba
los sargazos te impiden seguir tu paso.

           “No tiene un hogar
           sólo tienes libertad
           de errar por todas las tierras
           sin encontrar hogar”.









Publicado en el libro EN EL MUDO CORAZÓN DEL BOSQUE, 1997.












miércoles, 18 de junio de 2008

"Detrás de mí", de Jorge Teillier






La que fue vuelve llorando,
            y no hay manera
de aplacar su pena sola.
La que fue viene llorando, de nuevo es niña.
Sólo una niña que no puede con la tarde.

Le diría que se fuera,
que ya no tengo más aquellas memorias
con puentes y fogatas, donde la luz del día revivía,
donde pasaba un ángel en la noche de San Juan.

Pero no tengo valor para volverme.
Ella me toca el hombro y se detiene
estremecida; nada entiende, y llora.
Cómo puedo tener un rostro yo para enfrentarla.

Y se queda. Y se queda. Y luego calla.
Una luz final vacila,
el viento se levanta, un muro se alza.

Y ella no es más que una niña desvalida
que no puede sobrevivir a cada tarde.







Publicado en el libro EN EL MUDO CORAZÓN DEL BOSQUE (1997).












miércoles, 28 de mayo de 2008

"Días de ocio en la Ciudad que Fue", de Jorge Teillier






Nadie me entiende sino el Gato Pedro
Le daré unas botas para que llegue a la Ciudad que Fue
Y deje de dormir frente a la chimenea que en el Molino
            encienden en pleno verano
En el Sur Profundo tendrá que cazar ratones
Y vivir con colores propios
Mientras yo voy al cementerio
Del brazo de la hija del capitán del Puerto
Donde hace cuarenta años que no pasa ninguna nave
El tontito del pueblo me pregunta si yo soy poeta
Y yo le recito "Asteroides" de Pedro Antonio González
Todos creen que yo lo escribí
Y firmo autógrafos para los hijos de los parroquianos
Ya no hay barcos
Ya no hay trenes
Los diarios de la Capital llegan al día siguiente de su aparición
Le regalé al Cura Párroco
"La Mente Drogada. Cómo Librarse de las Dependencias"
De los doctores Hudgson y Miller
Mientras un niño echa anilina a la pila del agua bendita
Que Nuestro Señor me libre del trabajo
Sólo quiero que se abran para mí las puertas de marfil del ocio
Y yo quiero que esto no sea un poema
Sino una página en blanco.








 



© Notas de Juan Carlos Villavicencio

















martes, 20 de mayo de 2008

"Carta a un cura rural", de Jorge Teillier





(Paráfrasis de René-Guy Cadou)

Querido amigo, sin duda está usted en un pueblo
encerrado por los barrotes de la lluvia
invitando a cenar a inquietantes personajes
como Apollinaire, Cendrars o Braulio Arenas.

El jardín parroquial no ha perdido su encanto
ni el huerto su frescor.
Siempre se huele a retamos,
siempre se oye el silbido de un tren.

Mientras yo le escribo
creo que usted mira la casa del ahorcado
y sus viejos libros reposan
hasta que lleguen a leerlos sus vecinos.

(Dios mío, déjame admirar a este cura rural
él sabe más que yo de los misterios que nos acompañan
y lo que escribe en verso en su blanca habitación
no es sino un susurro tuyo que yo amaría recoger)

Querido amigo, permítame pues que me una
al huérfano, al caballo golpeado, a sus abejas
y que me sea posible oír sus cantos
en el momento justo del Juicio Final.

























domingo, 11 de mayo de 2008

"He dormido donde un amigo", de Jorge Teillier





He dormido donde un amigo hasta las siete de la tarde
Ahora sé que el Diazepam es lo mismo que el Valium 10
Los gallos cantan a cualquier hora
Salgo al patio
Hay cinco gatos vagos cuyos nombres no conozco
Pero me saludan como a un viejo colega.
Llega mi amigo. Salimos a beber Santa Emiliana a la calle
            Capitán Ávalos
Somos los últimos en salir del boliche
Y tal vez mañana los primeros en llegar.

Hace años no me despertaban los gallos a esta hora
Estoy en un lugar donde se lee: “The Ring”
Los libros de Rubén Azócar y “La Balada del Café Triste”.

No sé por qué tengo una ceja rota
¿Escribiré una nueva carta al Suicida?
¿Viajaré al Deep South a mirar los últimos trenes a vapor?
¿Comeré kuchen de manzana en donde aún se creen alemanes?
¿Leeré versos a quienes sólo escuchan a Julio Iglesias?

Con una chaqueta de terciopelo
Que alguien que creía amarme me regaló en Madrid
Y una horrenda corbata obsequio del poeta Cameron
Veo morir el atardecer en la Gran Avenida
“Muerte no te enorgullezcas”.
Qué importa terminar como Stan Laurel
Haré cuenta que fui actor de una mala película
Cuyo guión no dejé redactar a nadie más.












martes, 6 de mayo de 2008

"Viaje", de Jorge Teillier




Se apagan unos tras otros los fuegos del hogar
El viento
Empuja grises polvaredas
Sobre abandonados senderos
Se oyen
Voces rugosas de árboles
Pero quedan los ojos vigilantes de rocío
Que esperan incorporarse a la mañana
Traída por vertientes de labios entreabiertos.

Cuando los pasos de los caminantes me despiertan
Dejo atrás todas las fiestas
Todas las calles donde he perdido el tiempo
Aún confundido por el eco
De palabras sin objeto
Y espero descubrir los astros escondidos
Que brillarán en la eternidad de un día.









Publicado en el libro EN EL MUDO CORAZÓN DEL BOSQUE, el año 1997.







viernes, 25 de abril de 2008

"Cuartetos imperfectos a Heidi Schmidlin", de Jorge Teillier





Heidi generosa poda ramas de ciruelos
en casa de Enrique quien dice creer en Dios.
Heidi quisiera tener un abuelo pastor de cabras,
pero es raro hallar a Dios y murió el pastor de cabras

Con Heidi no temo atravesar las calles
y en “El Huerto” me invita a tomar una cerveza.
Yo que un día quise ser pastor de nubes
gracias a ella tengo un brindis de espuma.

¿A quién hallará Heidi vestida de blue jeans
preocupada de la salud marítima de los buzos?
Tal vez a un antepasado que soñaba en los Alpes
o a un amigo que despierta cantando a la Piaf.

Heidi, a quien un día retrató Durero,
cuyo rostro es un poema de Dylan o Chuck Berry,
recibe este saludo de quien no espera nada,
sino el milagro azul de estrellas de otro siglo.





















lunes, 24 de marzo de 2008

"Una bandada de cuervos", de Jorge Teillier




Una bandada de cuervos
se dispersa ante un balazo.
Bajo un esplendoroso trigal
yace el difunto Vincent Van Gogh.





* Publicado en el libro EN EL MUDO CORAZÓN DEL BOSQUE, el año 1997.

* El cuadro al que alude Teillier es "Trigal con cuervos", de Vincent Van Gogh, cuadro de 1890 que dejó inacabado.


© Notas de Juan Carlos Villavicencio









jueves, 6 de marzo de 2008

"Nostalgia de la tierra", de Jules Supervielle*





Un día diremos: “Era el tiempo del sol

acuérdense, él va a aclarar la menor ramilla
tanto a la anciana como a la joven asombrada,
él sabía dar su color a cada objeto en que se posaba,
él seguía el galope del caballo y se detenía con él.
Era el tiempo inolvidable en el que estábamos en la Tierra,
cuando cualquier cosa hacía ruido al caer,
nosotros mirábamos por todas partes con nuestros sabios ojos,
nuestros oídos entendían todos los matices del aire,
sabíamos de lejos cuando venían los pasos de los amigos,
podíamos tomar lo mismo una flor que un guijarro del río
era el tiempo en que no podíamos atrapar el humo,
que es todo lo que nuestras manos pueden atrapar ahora”.






Publicado en el libro EN EL MUDO CORAZÓN DEL BOSQUE, el año 1997















* Este poema aparece erróneamente adjudicado a Jorge Teillier desde la edición de 1997 hasta ahora que subsanamos tal error al conocer la verdadera autoría del poema, que es una versión de Teillier de "Le regret de la terre" (1934), que en rigor significa "La añoranza de la tierra".





viernes, 22 de febrero de 2008

"Reconstrucción", de Jorge Teillier

Fragmentos








II


Fuiste el único rayo de sol en mi ventana
(Espero que no te dé celos que rime con Mariana)
tan inexistente como la lluvia que esperaba en el Sur.




IV


Me persiguen nombres de gatos
(“My Lord”, “Pimienta”, “No me olvides”,
Perdónenme Molly Ingenio (señorial dueña de casa)
y María Celeste, enana misteriosa como un barco desguazado.
En mi muñeca hay un gato negro
que Isabel, Reina de los Gitanos, me regaló en la iglesia
sin pedirme en cambio
sino un gato blanco y una hostia.




X


PD: Te amo
(sabes que soy un buen plagiario)
Soy el único habitante del Club Social,
y ni siquiera “pasaré por la
República a bordo de una nube”.


























domingo, 3 de febrero de 2008

"Lunes en Calafell", de Jorge Teillier





Lunes en Calafell. Dónde estarán
los monos, los perros, los tenistas.
Sólo queda la hora del fin del mundo
después del tibio fin de semana.

La tibieza que conduce a la muerte,
me trae a añorar el frío austral.
Yo sé todo sobre fenicios y romanos
sólo quiero una explanada y la Calle San Pedro.

He comprado un mapamundi en Barcelona
y una guía turística en este puerto
Fillol, Cornejo, Orantes o Santana,
una vela blanca en el horizonte.

Eso sólo puede traer el domingo.
Ahora pido que el rosario de las olas
rece por mí frente a la Isla de los Muertos
donde mis antepasados enviaron sus canoas.

Adiós Calafell, rascacielos y turistas.
Cala que fue la Cala de los locos
tu silencio no tiene una palabra.
Domesticada arena, pez contaminado.

Mar Mediterráneo condenado
yo camino indiferente hasta tu olvido.
Adiós, fenicios, griegos y romanos,
adiós rascacielos y turistas.
Me voy hacia el frío Sur que no perdona
la Isla de los Muertos allí me espera.






* Publicado en EN EL MUDO CORAZÓN DEL BOSQUE, el año 1997.

* Calafell es un pueblo ubicado en la Costa Daurada, en Cataluña, a orillas del Mar Mediterráneo. Hay noticias desde 999 de Calafell y del castillo de Calafell desde el 1037, alrededor del cuál se forjó la aldea. Su fiesta mayor se celebra el 16 de julio. Acerca de su paso por esos lares, Teillier escribe: "'No es raro echar de menos Madrid, Calafell, el Escorial. Aquí me consuelo leyendo revistas deportivas (1945: Argentina Campeón de S.A. De la Matta, Mendez, Pedernera, Labruna y Loustau en la delantera). Escribo algunos poemas como quien lanza botellas al mar. ¿Seremos los últimos sobrevivientes que recojan las palabras de la tribu de Eddy, Milocz, Dylan, René Guy Cadou, Rojas Giménez (¡Vivan las arbitrarias mescolanzas!), Cendrars, los tripulantes de Stevenson. Aquí estoy con los niños de Dikens sometido a los padrastros que aman sólo la prosa. Bueno, un abrazo a ti y a los muchachos. No seas grasa y escríbeme. Y no silbes demasiado por las calles'. (Santiago del Penúltimo Extremo, 29-VI-1976 (San Pedro y San Pablo. Temperatura máxima 14 grados. Mínima; 2, 5 bajo cero a las 2.30 AM)".

* La Isla de los Muertos está ubicada a 3 kilómetros de Caleta Tortel, en la Región de Aysén, Chile. Debe su nombre a que en 1906 murieron en la zona 120 trabajadores de la Sociedad Explotadora del Baker y fueron enterrados ahí. No se sabe con certeza la causa de sus muertes, que se atribuye desde a una epidemia de escorbuto hasta a una matanza por envenenamiento por parte de los empleadores para ahorrarse el pago de sus sueldos.



© Notas de Juan Carlos Villavicencio






sábado, 19 de enero de 2008

"Telegrama", de Jorge Teillier





Simplemente
no me acostumbro a ver llegar la tarde,
el vuelo de los tordos, el ruido del canal,
las lágrimas malévolas de los floripondios,
y el dormitar envidiable de los gatos
sin compartirlo con tus ojos azules.

Jorge

(P.D.: El telegrama lo envío por mano
porque tiene más de once palabras
y no sé escribirte menos que ellas
y por ahora no tengo dinero para escribirte más).




de EN EL MUDO CORAZÓN DEL BOSQUE, 1997.







miércoles, 2 de enero de 2008

"Cuando en la tarde aparezco en los espejos", de Jorge Teillier




Cuando en la tarde aparezco en los espejos
Cuando yo y la tarde queríamos unirnos
Tristemente nos despedimos
Tristemente nos hablamos en el espejo que disuelve
            las imágenes
Quién soy entonces
Quizás por un momento
De verdad soy yo que me encuentro

Quién soy yo sino nadie
Alguien que quisiera pasarse los días y los días
Como un solo domingo
Mirando los últimos reflejos del sol en los vidrios
Mirando a un anciano que da de comer a las palomas
Y a los evangélicos que predican el fin del mundo

Cuando en la tarde no soy nadie
Entonces las cosas me reconocen
Soy de nuevo pequeño
Soy quien debiera ser
Y la niebla borra la cara de los relojes
            en los campanarios.






de EN EL MUDO CORAZÓN DEL BOSQUE, 1997.






miércoles, 19 de diciembre de 2007

"Eras una candelilla en tu casa", de Jorge Teillier




Eras una candelilla en tu casa
O si querías una estrella errante en el cielo
En la casona
Yo te buscaba
Tropezando
Con un caballo de madera inmóvil desde la muerte
            de los hermanos
Con mis zapatos hundiéndose en el aserrín de los títeres
Y las muñecas de cabeza rota
Y tú ríes
Porque despierto
Y tú sabías
Que despertaría para seguir soñando contigo
Y sólo me queda
Esperar en vano el timbre del cartero
Y me despierta
El ruido de los vendedores de gas
La casona se la llevó la última crecida
Nunca supe cuál era tu pieza
Nunca supe cuál era la ventana oculta
Por la que te asomabas
La ventana cerrada que nos unía para siempre
En un siempre que nunca ha sido siempre.





en EN EL MUDO CORAZÓN DEL BOSQUE, 1997.