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miércoles, 30 de septiembre de 2009

"Dos poemas", de Edward Lear





1

Esta era una vieja persona de Chile
cuya conducta era penosa y estúpida,
sentado en una escalera comía manzanas y peras
esta vieja e imprudente persone de Chile.




2

Este era un viejo hombre del Cabo de Hornos
que deseaba no haber nacido nunca;
se sentó en una silla hasta morir de desesperanza,
este doloroso hombre del Cabo de Hornos









en The book of nonsense, 1846






Traducción de Jorge Teillier





Traducciones en
La invención de Chile,
de Armando Roa Vial y Jorge Teillier, 1994.










martes, 2 de junio de 2009

"Epitafio", de Charles Cros





Aquí yacen los mensajeros del rey,
leones del mar de la Patagonia.
Dios los condujo desde la Cruz del Sur a la Estrella Polar
por el camino del contra sentido.
Ellos no hicieron nada como nadie
porque ellos murieron al revés,
como los hombres del Ponant antaño,
cuando partían a morir al Cabo de Hornos.
Ellos no tenían nada que hacer aquí,
no más que los marinos de allá lejos,
sino encontrarle un sentido a la vida.
Porque no es necesario ser un hombre,
para descubrir al fin, moribundo,
dónde se encuentra la Patagonia.










Traducción de Jorge Teillier






en La invención de Chile, de Armando Roa Vial y Jorge Teillier, 1994.








lunes, 21 de julio de 2008

"Quien entra por azar en la casa de un poeta", de René-Guy Cadou






Quien entra por azar en la casa de un poeta
No sabe que los muebles se apoderan de él
Que cada nudo de la madera encierra
Más gritos de pájaros que el corazón del bosque
Y basta que en la tarde sobre un rincón brillante
Una lámpara pose su cuello de mujer
Para liberar de pronto mil enjambres de abeja
Y el olor a pan fresco de cerezos floridos
Pues tal es la alegría de esa soledad
Que una caricia cualquiera de una mano
Devuelve a los muebles pesados y taciturnos
La levedad de un árbol en la mañana









Traducción de Jorge Teillier








Texto original:

Celui qui entre par hasard dans la demeure d'un poète

Celui qui entre par hasard dans la demeure d'un poète/ Ne sait pas que les meubles ont pouvoir sur lui/ Que chaque noeud du bois renferme davantage/ De cris d'oiseaux' que tout le coeur de la forêt/ Il suffit qu'une lampe pose son cou de femme/ A la tombée du soir contre un angle verni/ Pour délivrer soudain mille peuples d'abeilles/ Et 1'odeur de pain frais des cerisiers fleuris/ Car tel est le bonheur de cette solitude/ Qu'une caresse toute plate de la main/ Redonne à ces grands meubles noirs et taciturnes/ La légèreté d'un arbre dans le matin.//










jueves, 22 de mayo de 2008

"El espiral de la llama", de Jules Supervielle





Muchas veces de noche
Le gustaba leer
A la luz de una vela
Y solía pasar
La mano por la llama
Para seguir convencido
Que aún estaba vivo

Desde el día de su muerte
Está siempre a su lado
Una vela encendida
Pero ya no se atreve
A tocar su llama.








Versión libre de Jorge Teillier








Texto original:

Pointe de flamme
Tout le long de sa vie/ Il avait aimé à lire/ Avec une bougie/ Et souvent il passait/ La main dessus la flamme/ Pour se persuader/ Qu'il vivait,/ Qu'il vivait.// Depuis le jour de sa mort/ Il tient à côté de lui/ Une bougie allumée/ Mais garde les mains cachées.//






jueves, 6 de marzo de 2008

"Nostalgia de la tierra", de Jules Supervielle*





Un día diremos: “Era el tiempo del sol

acuérdense, él va a aclarar la menor ramilla
tanto a la anciana como a la joven asombrada,
él sabía dar su color a cada objeto en que se posaba,
él seguía el galope del caballo y se detenía con él.
Era el tiempo inolvidable en el que estábamos en la Tierra,
cuando cualquier cosa hacía ruido al caer,
nosotros mirábamos por todas partes con nuestros sabios ojos,
nuestros oídos entendían todos los matices del aire,
sabíamos de lejos cuando venían los pasos de los amigos,
podíamos tomar lo mismo una flor que un guijarro del río
era el tiempo en que no podíamos atrapar el humo,
que es todo lo que nuestras manos pueden atrapar ahora”.






Publicado en el libro EN EL MUDO CORAZÓN DEL BOSQUE, el año 1997















* Este poema aparece erróneamente adjudicado a Jorge Teillier desde la edición de 1997 hasta ahora que subsanamos tal error al conocer la verdadera autoría del poema, que es una versión de Teillier de "Le regret de la terre" (1934), que en rigor significa "La añoranza de la tierra".





lunes, 5 de noviembre de 2007

"Hay un espejo colgado en una pared rota", de Kenneth Rexroth. Traducción de Jorge Teillier






Hay un espejo colgado en una pared rota
En una vieja casa de campo
Perdida en un bosque sombrío.
Nada se mueve jamás en él
Salvo sombras submarinas de sombríos helechos y pinos.
El marco está cubierto de musgo.
Un día el espejo se deslizó al piso.
Años y años permaneció en los tablones astillados.
Muy rara vez
Una rata del bosque
pasó junto a él sin siquiera echarle una mirada.
Un día llegué yo.
Rompí la puerta desvencijada
Y pasó conmigo una angosta cuña de sol.
Llevé el espejo al cuarto de mi abuelo muerto
Y lo dejé reflejar su retrato
Mientras en la vieja casa del bosque
Las sombras
Las ratas del bosque y el musgo
Tuvieron que trabajar sin su testigo.