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miércoles, 12 de septiembre de 2012

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Entrevista a Jorge Teillier, de Lorenzo Peirano



Lorenzo Peirano: Hablemos del poema "Nadie ha Muerto aún en esta Casa". Usted una vez me dijo que hay una premonición en este poema.
Jorge Teillier: Claro, era mi casa de Lautaro, pero nadie murió y todos murieron.

Se acabó la casa.
Claro.

Al poco tiempo vino el golpe…
No vino el golpe…

Sigamos.
Sigamos que es una casa de Lautaro, que es la casa construida por mi padre. Nadie murió, pero todos están muertos, porque ya nadie existe. Esa casa… yo la fui a ver y no había nadie, todos habían desaparecido. Pero eso lo supe antes del llamado pronunciamiento.

Ocurrió antes.
El poema, sí.

Por eso es como una premonición.
Sí.

Después vino el golpe.
Pronunciamiento digamos; para ser elegantes, para ser siúticos (toca madera).

Este poema no fue incluido en la antología del"Fondo de Cultura Económica". Curioso, ¿no? Debió haber estado.
Según su opinión. Según la mía…no, pero es bueno.

Descifrémoslo.
Un nogal. ¿Qué significa un nogal? Lo más antiguo, el cuidador. Las rosas, las viñas, había un parrón, todo. "Ninguna mano busca una mano ausente"(lee el poema); quiere decir que nadie busca a nadie. "El fuego (aún) no añora a quien cuidó encenderlo". Todos se van a ir; la casa se va a quedar sin fuego. "La noche no ha cobrado sus poderes". Todavía no ha llegado la noche. "Nadie ha muerto, pero todos han muerto"… por supuesto. Todos vamos a desaparecer. No es la muerte real, la muerte que todos tenemos que asumir, sino la muerte de una casa donde estaban sus habitantes. Murieron los habitantes, se acabó. Pero al final todo es optimista: los pasos van a ser los habituales; vamos a volver. "El fuego enseña a los niños su lenguaje / el rocío se divierte columpiándose en las rosas./ Nadie ha muerto aúnen esta casa". Después se borra todo, como se borran las casas. Pero fui a ver mi casa de Lautaro hace unos pocos meses. No había ningún habitante. Nosotros habíamos desaparecido; no quiere decir que estuviéramos muertos, excepto mi querido hermano Iván que está muerto, por supuesto.

Y también está muerta su madre.
Mi madre, sí. Pero la casa no esta muerta, está igual; está esperando. La casa me espera.

En su poesía siempre hay casas.
Un hombre sin casa no es un hombre.

Pero, ¿es una casa o son muchas casas las que hay?
Una.

La casa de Lautaro.
Digamos, la natal. La casa que los padres…

La casa de la infancia…
La casa que te dejaron los padres. No se puede renunciar a ella.







25 de febrero, 1995








martes, 28 de septiembre de 2010

"Conversaciones con Jorge Teillier", de Carlos Olivárez

Extracto





Carlos Olivárez: Yo encuentro que tú tienes simpatías por un tipo de personas con oficios o costumbres medio outsiders, que son boxeadores, futbolistas, hípicos, cantantes de tangos. No son personas de grandes éxitos. Recuerdo que en una oportunidad diste una charla sobre el tango y el estrado estaba en un ring.
Jorge Teillier: El presidente era Ramón Tapia, que fue tercera medalla olímpica en Melbourne, peso medio pesado.

Estabas rodeado de una serie de boxeadores tristes.
Además, era un club de admiradores del tango. Sabían muchísimo. Sabían quien cantó “Percanta que me amuraste”. Yo pregunté: ¿alguien sabe cómo se llamaba originalmente ese tango? Levantaron la mano todos. Se llamaba “Lita” y después se cambió a “Mi noche triste”.

¿Has pensado por qué en este mundo de los tangueros, de los boxeadores y futbolistas se da este tipo de erudición?
Construyeron un mundo propio, no diré marginal, porque marginal tiene un tono peyorativo; pero se trata de un mundo personal, completamente autónomo, con sus jerarquías y noblezas.

Ahora eso no es posible. El margen es donde está la luz.
Tienes razón. Para llegar a ser agregado cultural, primero hay que lavar las calles de las putas. Estar al margen, cierto margen. Para llegar al éxito, primero hay que ser marginal. Lo que hablo es de otra cosa. El tipo marginal por voluntad es alguien que consagró la vida a lo que realmente amó. Un tipo [que] amó la hípica, como quien conocemos de la Unión Chica: Augusto Morales. Fuera de haber estudiado leyes, compañero de Miguel Arreche y Alberto Rubio, se dedicó después a la hípica y al tango, pero no es un hombre marginal: es un hombre realizado.

Los norteamericanos tienen una palabra para esto: el outsider, el que se puso fuera de la maquina de la producción.
Pero si soy un outsider y estoy fuera de la máquina entonces no ingreso nunca. No entro a un partido político, no entro a un gobierno, no me interesa lo contingente. A lo mejor es eso lo que me interesa. Si me interesa la poesía antes que nada, soy un outsider.

O el anarca, el que no reconoce la autoridad.
El anarca es distinto. No es un revolucionario. El revolucionario es un hombre que quiere cambiar la sociedad. El anarca quiere ser él y que todos hagan lo que quieran. Eso es lo que dice Jünger.

Yo podría comprender la erudición de un hípico. De su sabiduría depende el dinero que tiene en juego.
Además, está su respeto de los iguales: ¿cómo va a saber menos? Tiene que saber quién fue el padre o el abuelo de tal yegua, y tiene que saberlo con exactitud.

Pero la erudición de los tangueros...
Conozco gente aficionada al tango que se han dado de combos porque uno decía que “Marionetas” de Tallin la había cantado mejor Florean Ortiz que Gardel. Se armó una batahola.

Bueno, son cosas inaceptables. ¿Quién podría aceptar tamaña falta de respeto?
Son principios de vida, también los futbolistas. ¿Qué pueden decir si alguien les pregunta un dato? Van a dudar. No es posible, ellos deben saberlo todo.

Y tú ¿sabes, por decirte algo, la alineación del Colo Colo del 1941?
¿La alineación del Colo Colo del 1941? (Esto está transcrito textualmente, sin ninguna aclaración posterior). Bueno, creo que sí. Veamos: Diano, argentino, al arco; Salfate y Camus en la zaga; Hormazábal, Pastén y Medina; Zorrel, Zocarrá, peruano, Domínguez, Norton y Rata Rojas. Están los once. Fueron campeones invictos.

¿Esta erudición es inútil?
¿Por qué va a ser inútil? Es una manera de sobrevivir. Todo el mundo necesita un estímulo. Del mismo modo que conozco a gente que compra todo lo que se publica en poesía.

El paco Rivano me dijo que él era quien había publicado por primera vez a Rolando Cárdenas en unas hojas que él editaba.
No. Publicó a Rolando, y a mí también, pero no fue lo primero.

Este tipo de personajes del que estamos hablando, ¿será una especie en extinción?
¿Cómo va a estar en extinción el fútbol y la hípica? Es gente que ha realizado el sueño chileno cuando llegan a saber los detalles de su profesión. Los boxeadores tienen mucho que ver con los escritores, poseen rasgos comunes: tienen éxito si tienen un buen manager; tienen publicidad, popularidad.

¿Éxito con las mujeres?
Todo poder tiene éxito con las mujeres. Al poder llegan las mariposas nocturnas. Después todos quedan abandonados con sus viejos recortes color sepia. La del boxeador –como la del escritor- es una carrera solitaria. Si no es solitaria dejas de ser escritor y empiezas a ser empresa.

Brodsky afirma en el discurso de aceptación del Premio Nobel que los poemas de Valery sólo podían ser escritos por él. El mejor escritor para los poemas de Valery era Valery. Nadie podía ayudarle.
Valery consultaba a Mallarmé.

No importa. Él sabrá si le hace caso o no, igual que el boxeador cuando está peleando es él contra otro que está en las mismas.
Tiene que enfrentarse a un público que es él mismo. Son actividades solitarias y al final, si no se han cuidado, se termina solo y abandonado. Cuando hemos hecho un recuerdo de tantos poetas podemos hacer un recuento de tantos boxeadores. Hay un nacimiento parecido. Un hombre nace para pelear y el otro para escribir. No quiero hace ninguna glorificación del boxeo, pero en este tipo de personas hay algo que me interesa; no puedo explicarlo claramente por qué.














1993














martes, 27 de abril de 2010

Entrevista a Jorge Teillier por Hernán Ortega Parada

Fragmento






¿Cree en Dios?
No sé si creo o no creo en Dios pero el hecho de pensar en Dios quiere decir que existe. Ahora, simpatías por alguna religión determinada: no. Por tradición debería ser católico y por un momento sentí que el movimiento Carismático, en Chile, tenía un tercer mundo espiritual que me gustaba en el sentido que la gente se elevara, fuera más allá de sí misma. También me parece interesante el papel de la caridad, que es como la clave de todo –como decía Rimbaud-. La Iglesia es madre de la caridad, de la fe y de la esperanza. Krishnamurti dice que “la esperanza es lo peor que le puede ocurrir a un hombre”. Ningún ser humano debe tener esperanzas... porque ya es desdichado teniéndola. Mejor es ser caritativo. Y la fe también puede ser destruida. En cambio, la caridad no. Tú puedes dar y recibir. Creo en esa permanencia. Soy una molécula en el Universo y nada más. No soy una caña pensante porque pienso muy pocas veces. En eso no soy pascaliano.

¿Qué trabajos extra-literarios ha desarrollado dentro de Chile?
Fui profesor de Historia, de liceo, por dos años, lo que también está relacionado con un trabajo creativo, está relacionado con la literatura. Después, veinte años en la Universidad de Chile, siempre con escritores o científicos, que son creadores porque escriben sus artículos; entonces, gente ligada a la creación literaria en cierto modo. Algo extra-literario sería lo que me pasa ahora, en que realmente vivo más en el campo que en la ciudad. Pero que no me disgusta porque también hay un trabajo creativo, como injertar cosas, hacer jardines, preocuparse de cómo viene el río, el agua, formar una cooperativa con la gente de los pueblos. Creo que nunca he hecho un trabajo extra-literario, fundamentalmente. La literatura vive de las vidas de literaturas.

¿Cómo desea que se le recuerde en el tiempo?
Es una pregunta muy impersonal. Seguramente todo el mundo se va a olvidar de uno, pero... puedo quedar presente en algún texto. Quiero que me recuerde algún muchacho que descubra mis poemas y que le ayuden a vivir. Los poemas de un poeta muerto hace cien años –suponiendo que el mundo viva cien años más-, que yo sea un amigo intemporal. Los poemas que recordaran mis nietos; porque yo tengo un gran arraigo con mi familia.

¿Cómo se genera en su mente la concepción de un poema, cuento o ensayo? ¿Cómo identifica ahora ese principio?
Yo creo que ha habido varias etapas, en cuanto a escribir un poema, para mí. De pronto me nace de una sola frase, incluso al azar. Que “dos personas se conocen y se miran al espejo, una va a morir si se aman”: a partir de eso hay una idea poética muy curiosa. Eso lo escuché en una micro, en un viaje de La Ligua a Cabildo. Los amores siempre son como rayos pero no hay que mirarse en un espejo al mismo tiempo. Eso me pareció como un tema poético. A veces son palabras, a veces son situaciones poéticas, a veces quiero resucitar algo, evocar algo, contar la vida de un personaje. Tengo un poema dedicado a un viejo boxeador, sobre el que Braulio Arenas me dijo que le gustaba mucho porque había un distanciamiento respecto del “objeto” al “sujeto”, de quien crea a quien es descrito Creo en el trabajo últimamente, creo que uno debe estar escribiendo siempre, tomando notas. Ahora, que la lectura es para mí un vicio, entonces me estimula mucho y me dan deseos de escribir. Pero como han escrito lo mismo que yo, a veces digo para qué intentarlo. Pero, pienso que un poeta debe leer mucha poesía. Porque hay una creencia muy extraña –la que he escuchado muchas veces- “Yo no quiero leer o no quiero escribir, para no imitar a nadie y porque no quiero repetir”. Al contrario, uno tiene que desarrollar una sola cosa. Todos los temas están hechos, todos los árboles crecen si tú los plantas. Entonces, el tuyo va a crecer de otra manera que el que plantó el vecino.

¿Cómo y en qué momento califica los méritos de su obra? ¿Sus juicios autocríticos son siempre seguros o le provocan dudas y cambios constantes?
De los méritos de mi obra creo que puedo hablar como de los méritos míos. No estoy conforme conmigo mismo; por lo tanto, no lo puedo estar con lo que he escrito. Y no he escrito lo que debiera, así como en cantidad como en calidad: he sido muy flojo. Me gustan varios poemas míos, los creo bien logrados. En general, estoy disconforme cuando escribo un poema y, a veces, tan conforme que lo leo a los amigos, lo que es una especie de perversidad, “infligir un poema” a alguien es un castigo. Lo que pasa es que escribir me produce un exceso de concentración: no puedo dedicarme a otras faenas. La autocrítica es muy fuerte. Escribo diez o quince veces cada poema. No los corrijo sino que escribo otros poemas. Después, leo los diez poemas y elijo el que me gusta más; sólo entonces ése lo paso a máquina. ¿Y las contraversiones? Al tacho, como dicen los jugadores de poker.

¿Ha sentido flaquear su vocación literaria alguna vez?
No, porque sería como dejar de respirar. Me sentiría muy molesto, estaría muerto. Puedo dejar de escribir pero siempre tengo el remordimiento de no escribir; entonces, tendría que encontrar –y no he encontrado- algo que reemplazara no diré esa vocación sino esa forma de vida. Ganar mucho dinero en algo, hacer una empresa de colonizador, o sea una cosa creativa, o si no retirarse sencillamente a la meditación. Pero eso no es gratis, no tengo vocación de ermitaño.

Sobre lo que llaman “ego”, ¿el suyo lo estima normal, menor o mayúsculo? ¿Y cómo lo definiría?
Creo que todo el mundo tiene un ego mayúsculo. Yo no lo demuestro pero creo que soy más bien orgulloso que vanidoso. Me gustaría tener un ego normal. No tengo la capacidad de introspección para decirlo pero hay momentos en que me siento demasiado por sobre los demás, por circunstancias parciales, por haber escrito un buen poema. Pero no es mirar con desprecio a los demás, sino decir que he hecho algo que pocos pueden hacer. Y otras veces me siento muy disminuido por el caso de no poder alcanzar un mayor bienestar para los míos. Ahí siento disminuido mi ego. Pero, son situaciones muy contingentes, muy oscilantes. Tan oscilantes como la vida.

¿Cree que es suficiente la preparación de un escritor sin salir de Chile?
Creo que sí. Aunque pienso que es bastante bueno que todos salieran una vez en su vida para que no estuvieran soñando con el Viejo Mundo, con Tenochtitlán, con los Estados Unidos, con Nueva York y otras ciudades estimulantes. Claro, si hubiera una república ideal se debería dar un viaje a un escritor para que viera realmente como es otro mundo. Nuestro querido Chico Molina vivió en París durante diez años... mentalmente, o toda su vida. Cierta vez le llegó una beca de una señora norteamericana, que le regaló cinco mil dólares y el pasaje de ida y vuelta en primera clase de barco. Porque él escuchó hablar de París, sabía más de París que ella y entonces lo premió con ese viaje.

Yo creo que un escritor puede desarrollarse en Chile. Ahí está Pezoa Véliz, que nunca salió de Chile. Yo he leído su diario de vida y no demuestra mayor interés por viajar. Un González Vera viajó pero también no era hombre de viajes. Creo que estamos en un universo planetario en el cual ya no es tan necesario viajar como antes. Lo que pasa es que en Chile (de 1988) estamos aislados culturalmente. Eso me parece peligroso. Por ejemplo, a la Universidad, cuando yo estaba allá, llegaban setecientas revistas en canje, de todo el mundo. Ahora, como la Universidad no tiene revistas no llegan revistas. Entonces, hay un aislamiento que apenas puede ayudar a mejorar. Los institutos de cultura no lo hacen tan bien como antes, tampoco. Yo creo que es conveniente para un escritor que viaje a lo menos una vez en su vida, que esté un año afuera... para que eche de menos a Chile, por último. Para la Mistral fue más fundamental que para Neruda: vivía recordando a Chile pero odiaba, según entiendo yo, vivir en Chile. Ella misma dice, creo que en una de sus cartas, que “en Chile sería una jubilada y me llamaría la Gaby”. En cambio, en el extranjero le dieron el Premio Nobel antes que el Premio Nacional de Literatura en Chile. Neruda tuvo su gran experiencia de soledad en el extranjero, donde escribió su mejor libro, tal vez, “Residencia en la Tierra”. Huidobro también era un cosmopolita. De Rokha, siendo un hombre esencialmente chileno, también estuvo tres años en el extranjero, viajando como pícaro, o sea, explotando un poquito su fama y su prestancia. Viajó hasta México, estuvo en China. Todos nuestros grandes poetas han vivido en el extranjero y yo creo que les ayudó mucho eso para su divulgación internacional y para que aquí los respetaran; porque el chileno tiene la curiosa costumbre de descalificar al que no ha viajado al extranjero y creer que en el extranjero es un punto más.

Cuando hablé con Neruda, él hablaba más bien del sur porque, como éramos coterráneos, prácticamente nuestras conversaciones eran sobre la infancia de él en Temuco y la mía en Lautaro. No hablaba mucho conmigo del extranjero pero en sus memorias le daba una importancia fundamental. Llegó a Rangún, después estuvo en Calcuta, en Nueva Delhi, donde hace muy mala referencia de Nehru. En cambio, Malraux habla muy bien de Nehru. Neruda partió escribiendo “Residencia en la Tierra” desde aquí porque “Galope Muerto”, el poema con que me parece se inicia, fue publicado por “Atenea” el año 27; o sea, ya partió con una nueva forma de escribir, que venía precisamente de sus lecturas inglesas. Tiene mucho que ver con James Joyce, incluso él fue traductor de Joyce. Yo publiqué dos poemas de James Joyce traducidos por Neruda. Para él fue muy importante España, también. Como él mismo dice: “lo marcó en el corazón”. Allí se pasó al partido comunista y se hizo militante de fila. Y los que dicen que Neruda se echó a perder por la política, no es cierto; porque yo creo que el “Canto de Amor a Stalingrado” es un hermoso poema, bien hecho. También cayó en populacherismos pero él se sirvió del partido más que el partido de él, ya que Neruda era un hombre muy “habiloso”, muy astuto, muy inteligente también. Claro, creo que sin el extranjero Neruda habría sido un poeta local y nada más.

¿Cree que es posible ser “escritor” sin publicar libros?
Creo que Jean Cocteau decía que “poeta es un escritor que no escribe”; pero él escribía mucho y por eso aquello no pasa de ser una boutade. Una broma. Bueno, nuestro inolvidable Chico Molina era un escritor que no escribía; un “hablante”, como dirían los aficionados a la literatura. Hay muchos que nunca han publicado y guardan sus manuscritos por inercia o por horror al público, como por horror a arrepentirse de haber publicado. Está el caso de Alberto Rubio, que demoró veintiséis años en publicar su segundo libro porque tenía horror –creo yo- a superar el primero. Y es una cosa muy extraña: nadie comenta el libro de Alberto Rubio, como si hubiese dejado de existir en 1952.


¿Cuál es su obra –a juicio suyo- más completa y representativa?
Mis obras más completas y representativas son mis hijos, por supuesto. De carne y hueso, Sebastián y Carolina. Ella escribe poesías también y ha publicado en revistas peruanas; y es actriz.

Si tuviera que elegir un libro, sería Muertes y Maravillas, una antología de 1953 a 1971, donde hay muchos poemas rescatables, creo. Alone puso siete poesías mías entre las cien mejores chilenas. Con Alone, tuve correspondencia: me escribió pidiendo mi opinión sobre su última edición de las Cien Mejores Poesías Chilenas, de 1963. Preparaba una nueva edición y pedía mi permiso para publicarme poemas. Cosas que no hacían y no hacen los antologadores. Yo le mandé diez poemas para que él eligiera y, además, dándole otros nombres. Publicó a Rolando Cárdenas. Y yo le dije, entre paréntesis, que aunque él se ofendiera, De Rokha había escrito algunos de los cien mejores poemas chilenos, aunque él lo tratara de todo. Es decir, a Neruda lo tenía como enemigo público número uno y a De Rokha como el número dos. Y Alone publicó un poema de De Rokha, o dos, no recuerdo. Era un caballero.

¿Su obra es de qué complejidades si pudieran observarse algunas líneas?
Yo mismo me autocalifiqué como poeta lárico; o sea, me puse como insecto dentro de un insectario. Tengo una línea similar a poetas que admiro. He aprendido mucho a usar algunas técnicas de poetas como Apollinaire, Blaise Cendrars y René Caddou, otro poeta francés, de provincia, que tiene una gran relevancia actualmente. He estado leyendo una antología francesa en la que, curiosamente, los autores de 50 ó 60 años están vueltos hacia el paisaje, como René Char, poeta surrealista: su obra fue totalmente así. Para navidad una amiga me regaló las obras completas de René Char y tiene un poema sobre un molino y una higuera. Resulta que la casa de Cristina está frente a un molino y a una higuera. “Correspondencias” se llama eso, supongo yo.

¿Por qué escribe?
Es difícil decirlo. Es difícil dejar de escribir. No soy grafómano. Puedo dejar de escribir pero estoy escribiendo mentalmente y me despierto reprochándome no haber escrito. No importa qué. Cuando no puedo escribir, empiezo escribiendo cartas o conversando y así corro el peligro de transformarme en un charlatán y entonces eso me da un poco de miedo. Por eso es bueno estar solo. Hablo con los gatos, que entienden bastante bien de todo: son muy psíquicos.

¿Qué horarios dedica a escribir? ¿Se siente búho o alondra?
Por favor, no quiero ser la alondra que interrumpió el coloquio de Romeo y Julieta. Sería un pérfido pajarito esa alondra. No. Soy un búho, pero no un sabio como los búhos. Más bien un tucúquere, que es un búho chileno. Escribo de noche; cuando estoy en trance de escribir, por supuesto.

¿Le ha dado la literatura tranquilidad económica?
Una pregunta que en Chile es muy difícil responder en forma afirmativa. La Mistral vivió siempre de la diplomacia y no de sus obras; Huidobro era millonario –lo que no es un defecto; al contrario, da placer: me gustaría mucho ser millonario-; De Rokha vivió vendiendo libros de puerta a puerta, prácticamente. Me ha dado formas de viajar lo que es otra manera de ganar dinero,¿no es cierto? Viajar por ocho o nueve países es una buena compensación económica. He ganado premios y dinero, pero no para vivir. Para vivir en Chile de la literatura hay que dedicarse al periodismo o ser un profesional del arribismo, cosas que no me gustan. Arribismo social, literario y político: es ser muy blando para aparentar ser fuerte; o sea, hay que ser muy falso. Yo puedo ser muy hipócrita pero no quiero practicarlo.

¿Qué pienso del Premio Nacional de Literatura?
Pienso que me gustaría mucho recibirlo. Eso significaría una tranquilidad económica. Fuera de eso, pienso que ha estado generalmente dado en forma vergonzosa y que en este momento (1988) los escritores no forman parte del jurado: es como para que un escritor serio y digno deba rechazarlo, no podría aceptarlo.

Por favor, mencione tres autores chilenos y tres extranjeros que gocen de su especial preferencia (no importa época). Razones breves en cada caso.
Hoy puedo tres y tres, y mañana otros tres y tres. Supongo que no importa mucho. Serán los primeros que me vengan a la memoria, mejor eso. En estos momentos tengo de cabecera –aunque nunca duermo con un libro en la cabeza ni pongo un libro bajo mi cabeza-, estoy leyendo mucho, a Francois Villon: cómo se ríe de él mismo, cómo sufre; me parece un poeta totalmente de ahora, de este tiempo. Rilke, sí; pero Rilke no me gusta demasiado porque asumió la posición de “el poeta”, aunque eso es casi indispensable. Mucho me gusta también Blaise Cendrars, aunque él y Apollinaire son casi parecidos. Chilenos: curiosamente, me gusta Alberto Blest Gana, por El Loco Estero, que escribió a los ochenta años; también Juan Emar, por un libro que se llamaba Ayer; y ciertas prosas de Braulio Arenas –no todas-, como El Libro del Ajedrez y “El Firmamento de Mónica”.

¿Cómo define la vocación del escritor?
No sé bien lo que significa vocación. No podría ser orientador vocacional. ¿Es el deseo de ser algo para siempre? Es decir yo quiero ser éste y no otro, yo quiero ejercer esta tarea o no ejercerla. Nací para esto y no para esto otro... Porque hay tantas vocaciones. T.S.Eliot era un correcto empleado bancario y un gran poeta. Wallace Stevens, jefe de una compañía de seguros norteamericana y un gran poeta. Son como esquizofrenias: cuando tú eliges ser escritor ya se tiene, en Chile, un punto en contra: tienes que ganarte la vida como escritor, empresa casi imposible. Yo creo, como dice la vieja gente, que uno puede elegir ser escritor, cuando viste buena ropa, cuando puede ganar a mucha gente. Pero yo sé quién es un verdadero escritor apenas hablo con él, cuando sé lo que come, lo que bebe, lo que habla, los lugares que le gustan. Nunca pensé que mi vocación era llegar a ser escritor. A mí me gustaba la historia pero mi ambiente me llevó a escribir, a expresarme y expresar cosas –yo te digo- más bien inconscientes. Conscientemente yo debiera ser profesor de historia o historiador, pero mi dirección la hizo otro que no soy yo. Me di cuenta que era un mundo donde yo realmente estaba vivo: escribir poemas, leer poemas, mis amigos escritores, el rechazo de la sociedad hacia mí también era bueno; me gustaba no por masoquismo sino porque me daba cuenta que era bueno ser diferente para [sentir que] “yo tengo un mundo propio y ustedes no pueden entrar si no son parecidos a mí”. Es como el amor, ¿no? Tú no te enamoras de alguien que no te pertenece. De la poesía y la literatura no puedo decir que soy “dueño”, pero sí pertenezco a ellas. Ahí me siento bien. O es como son los ajedrecistas: nacen jugando ajedrez y no saben por qué; no saben por qué aprendieron a mover las piezas mirando al papá. Como Capablanca, que fue campeón mundial.

¿Cómo define usted la literatura?
Ya te dije: como el arte de decir bien las cosas, organizar bien un pensamiento, llevar adelante un mínimo de vocación. Con respecto al visionario, para mí la poesía es de visionarios. El literato no es un visionario, es un obrero del ring. Los boxeadores dicen lo siguiente, o los managers: que el verdadero boxeador suele ser errático, o sea, nunca sabe lo que va a improvisar. En cambio el otro, es un obrero que hace bien las cosas pero siempre hace lo mismo. Es la diferencia.

¿El escritor nace o se hace?
Pregunta de sastre. El bien vestido nace o se hace. ¿Escritor o poeta? Son dos cosas distintas. El escritor puede hacerse, por supuesto. El poeta, creo que no, porque hay algo, yo diría, de piel. Tú sabes quién es poeta y quién no lo es. Por lo menos yo distingo a un poeta verdadero aunque sea malo, de alguien considerado buen poeta que utilizando nada más que su cerebro y ciertos trucos al final va a [dejar] poco o nada.

¿Tiene el escritor alguna misión especial? Favor, explique.
Tiene la misión de leer lo más posible. De publicar lo menos posible.

¿Cree posible el desarrollo de la literatura sin el aporte de la crítica profesional?
Dado el caos de circunstancias que hay ahora, creo que no. Bueno, si yo soy un escritor millonario, como era Valéry, publico cien ejemplares para mis amigos y me da lo mismo la crítica. Pero el muchacho que está surgiendo o el escritor que quiere ser conocido, necesita que un crítico tome su libro para bien o para mal. Mal necesario y bien necesario, da lo mismo.

















en Jorge Teillier, arquitectura del escritor, 2004















viernes, 11 de septiembre de 2009

"Conversación 'beat' con Allen Ginsberg", de Jorge Teillier





Para encontrarnos con Allen Ginsberg recurrimos al azar, que parece seguir siendo el mejor medio para reunirse con un poeta. Así fue como al pasar un mediodía frente al Hotel Panamericano entramos a preguntar por el líder de la “beat generation”. Mientras nos comunican que debe partir de un momento a otro a Concepción, lo vemos aparecer y nos acercamos a saludarlo. Su aspecto varía entre el de predicador religioso, comerciante ambulante y guerrillero cubano: frondosa barba, melena, desaliñado atuendo y un equipaje consistente en un gran bolso de buhonero y una caja de cartón.

Conversamos en castellano, que Ginsberg habla en forma bastante fluida. Nos explica que lo aprendió durante sus viajes por el Caribe, cuando era marinero mercante, y en su estadía por varios meses en México (Chiapas y Yucatán). Al poco rato, para ilustrar mejor sus palabras, abre la caja de cartón que nos había intrigado, y nos muestra una serie de libros de nuevos poetas y prosistas norteamericanos, y algunas revistas y folletos que nos regala, como un predicador que viene a dejar su Evangelio al sur del Trópico de Capricornio. Es característica, nos parece, en Ginsberg, una actitud de avidez y curiosidad que se exterioriza en un afán de conocer cosas nuevas (apenas llegó a Santiago partió al Zoológico, en donde se hizo amigo del oso hormiguero, y luego visitó el café “Bosco”, en donde trabó amistad inmediata con algunos poetas), o de hacer proyectos como el de estar varios meses en Chile, y luego atravesar a pie la Cordillera. Podríamos llamarlo, sin temor al modismo, un “angurriento”, calificativo criollo que quizás le sería grato, pues durante la charla se autocalificó de “roto choro”.

Nos sorprende la destreza con que Ginsberg amarra nuevamente su equipaje. Nos explica que esto se debe a que durante un tiempo fue dependiente de almacén. Actualmente ha vivido gracias a sus ingresos que le proporciona su libro Howl (8 ediciones y más de 40.000 ejemplares vendidos desde 1956. Recordemos que además en Chile hay una edición de este poema traducido por Fernando Alegría). Además, ha grabado en disco sus poemas, y hace clases de composición en un colegio de San Francisco.

Así ha llegado al éxito terreno este poeta, a los 33 años, después de vivir y escribir en el infierno –como dice William Carlos Williams en el prólogo de Howl– y recorrer un vía crusis en el cual quedaron su madre Naomi, muerta en un Hospital de alienados, y su amigo Carl Solomon, encerrado actualmente en un Hospital de alienados. Su libro –conviene recordarlo– fue perseguido por la policía en nombre de la moral, lo que lo hace emparentarse con Baudelaire y Henry Miller.

De su conversación, asaz fragmentaria, recordamos algunas afirmaciones:

- Mi maestro es el gran poeta William Carlos Williams. Él renovó la poesía norteamericana, rompiendo con la retórica tradicional, al escribir versos medidos de acuerdo a la respiración y no al acento. Completó la revolución iniciada por Whitman, pues Williams escribe en versos cortos, al contrario de los versos de gran aliento de Whitman.

- Admiro profundamente a Jack Kerouac (nuevo Buda de la prosa americana). Su último libro de poemas México Blues es maravilloso. También admiro al prosista William Seward Borrouhs, autor de Naked Lunch, y a los poetas Gregory Corso (autor de Gasoline, John Wieners, autor de Hotel Wentley Poems), y al poeta católico Phillip Lamatia. (Al referirse a este último, Ginsberg nos dice que no es un católico muy ortodoxo, pues su mayor deseo es ser papa. Por su parte, Ginsberg nos dice que a él no le gustaría ser nadie, ni siquiera Ginsberg).

- Mi amigo Carl Solomon permanece aún en el manicomio. Está empeñado en demostrar que es mucho mejor estar enfermo que sano. Lleva cuatro años en esta broma.

- Casi nunca me interesan las novelas. Leo principalmente prosa lírica, escrita de una manera espontánea, y poemas. Tampoco me interesa el género de la “science–fiction”.

- Detesto la política cuando veo que las grandes naciones no hacen más que armarse. El verdadero camino de la salvación es el de transformar el alma de los individuos.

- Me gustaba Fidel Castro, pero me parece mal que haya prohibido fumar marihuana.

Sobre el tema de los narcóticos, Ginsberg demuestra sentir extraordinario interés. Averigua cuáles se pueden encontrar en Chile. Le recomendamos el chamico (“datura estramonio”) que V. P. Rosales señala en su Historia como estupefaciente usado por los mapuches durante sus ceremonias mágicas.

Ginsberg demuestra especial interés por indicarnos que él y los miembros del Grupo de San Francisco, además de otros muchos jóvenes poetas de EE.UU. están empeñados en escribir en forma “espontánea”, sin limitaciones retóricas. Así el último poema largo de Ginsberg “Kaddish” dedicado a la memoria de su madre, fue escrito en una sola noche; John Wieners escribió sus poemas del Hotel Wently como una especie de diario de vida. Le indicamos a Ginsberg que hay cierta similitud con la escritura automática preconizada por el surrealismo, pero él la niega. De todos modos, es evidente cierta semejanza. Hay similares procedimientos de ataque a la literatura y al modo de vida oficial, y es así como mientras los surrealistas editaban “la revista más escandalosa del mundo”, Big Tagle, revista de la cual es uno de los directores Allen Ginsberg fue confiscada por escandalosa de acuerdo a una orden judicial. Por otra parte, hay mucha admiración por Antonin Artaud –Michel Mc Clure ha publicado un libro de poemas en su honor recientemente–, y por Jacques Prévert, especialmente en su primera época.

Una modalidad original de estos poetas es la de unir la poesía a la música de jazz. Kerouac y Ferlinghetti la iniciaron, grabando poemas con singular éxito.

Es interesante el interés existente en el grupo de Ginsberg por lo latinoamericano. En el último número de la revista Yugens se publica un poema de César Vallejo, con una nota en la cual se dice que es el mayor de los poetas de Sudamérica. Se anuncia para este año la publicación de los Antipoemas de Nicanor Parra, por City Lights –la misma editorial que publicó Aullido (Howl). Cuando triunfó la revolución cubana, varios poetas, Kerouac entre ellos, publicaron un homenaje colectivo a Fidel castro. Mientras conversábamos, llegó Lawrence Ferlinghetti, quien nos entregó un poema dedicado a pedir la renuncia de Eisenhower.

Anunciar que va a partir el bus que llevará a Los Cerrillos a los poetas. Ginsberg se despide, anunciándonos que volverá a Santiago por algún tiempo. Se echa su bolso al hombro, y parte a difundir al sur de Chile el evangelio de la “beat generation”.






en Ultramar, Santiago, N°3, de abril de 1960












miércoles, 29 de abril de 2009

Entrevista a Jorge Teillier por Vicente Parrini





Se trata de un poeta que nació frente al molino Grobs en Lautaro un 24 de junio de 1935 (día en que se nos fue Carlitos Gardel) y que hoy vive junto al molino de El Ingenio, cerca de La Ligua, en los mismos paisajes que asoló la temible Quintrala. De un hombre que ha publicado 9 libros de poemas (desde Para Ángeles y Gorriones -1956- hasta Cartas Para Reinas de Otras Primaveras - 1985-) adscrito a un sentido de la poesía que denominó “lárico” y que postula un “tiempo de arraigo”, donde lo que importa no es sólo lo estético, sino la creación del mito, de “un espacio y tiempo que trascienda lo cotidiano, utilizando lo cotidiano”. Se trata de un muchacho que no baila ni hace gimnasia y, al igual que Jack Kerouac, prefiere escribir un poema a llamar por teléfono. Se trata de un hombre extraño, vagabundo, que suele reírse de los demás como de sí mismo y promete suicidarse el 24 de junio o el 11 de diciembre, día en que nació Carlos Gardel.

Son las 10 de la noche de un viernes Primero de Mayo y sólo se escucha el agua del río que corre junto al molino. A unos metros, en el interior de una casa de inquilinos, habita Jorge Teillier Sandoval, uno de los más notables poetas chilenos. Acompañado de los 14 gatos de Cristina, su tercera mujer, y el vino -su más fiel compañero-, vaga, como a él le gusta, en este exilio auto-impuesto luego de largos años de permanencia en la capital, donde llegó una tarde cualquiera para estudiar Historia y Geografía en el Instituto Pedagógico.

Jorge Teillier vive solo (“pero no desvinculado”), rodeado de cerros que parecen venir cerrándose sobre el paisaje de La Ligua, y mantiene extrañas conversaciones con su gato Pedro, un interlocutor que no inoportuna con frases solemnes. El poeta como siempre crea su propio espacio, su tiempo secreto, su relación mágica con el entorno. El poeta sigue siendo un niño que ríe iluminado, imprevisible, que cuenta historias de sus antepasados, del sur en La Frontera, de sus amigos poetas del bar La Unión Chica...

Teillier está cansado, es un poco tarde para preguntas, pero de todas formas comulga con nosotros, así entre silencio y silencio, un cuento, una sonrisa, un poco de esperanza... Como a él le gusta.

¿Por qué escribes poesía?
T
e podría contestar como el poeta “silbo porque tengo miedo de entrar al cementerio”... Sé que escribo versos nada más. Pero lo malo es que a veces no trabajo en la poesía. Según la gente yo no quiero a nadie y eso es malo también... me quiero demasiado a mí mismo. No me quiero porque me autodestruyo, pero autodestruirse es quererse tanto que no soportas al prójimo... Acá en Chile toda la gente anda con cara de puñete, como decía mi amigo el “chico” Molina...

¿Estás dispuesto a dar algún consejo?
Yo no soy del Ejército de Salvación y no tengo ningún mensaje que darle a nadie, ni consejos. No me interesa ni la religión, ni la política, salvo como referencias culturales... (Silencio), pero rezo de vez en cuando... Es como recordar un poema hermoso, es tener fe en los antepasados, en el mensaje de 2000 años.

Cuándo rezas, ¿pides algo para ti o para los demás?
Rezo sin pedir nada para mí ni para nadie... Los dictadores quieren que todos sean como ellos, que todos sean buenos alumnos, son como los rectores de liceo, pero con más poder, por supuesto. Tienen poder de vida o de muerte. En el fondo toda persona que quiere tener poder está perdida... El poder llega solo, sin que tú lo pidas, porque es una gracia.

¿Y los poetas aspiran al poder?
Por supuesto... la mayor parte. Neruda, De Rokha, Huidobro, nuestros maestros, aspiraban al poder. Todos querían ser profetas y no se daban cuenta que hay que estar solitarios... Como decía Baudelaire, “le tengo un miedo de perro a todo aquel que me imite o me lea”. A él le interesaban las putas y las adolescentes, nada más.

¿De qué otra forma se expresa ese afán de poder que tú señalas?
Tenían su tribu, sus seguidores, se odiaban entre ellos en vez de amarse a sí mismos como dice El Evangelio. En el fondo eran dictadores. Claro -agrega sonriendo- que eran dictadores intelectuales: cuando oían hablar de la pistola, como Goering, el jefe de la fuerza aérea del Tercer Reich... Pero, en todo caso, no creo que eso sea malo... todos eran buenas personas.

¿Qué recuerdos tienes de Pablo de Rokha?
De Rokha quería ser único y eso no puede ser, porque el único es mi gato Pedro. Claro que escribió de nuevo la historia de Jesucristo. Tiene una frase muy buena que dice: “Jesucristo marchaba por el Gólgota con la cruz a cuestas sudando como roto chileno”... Es una maravilla que no se le ocurre a nadie.

Y si no el poder, ¿cuál es el principal anhelo de Jorge Teillier?
Jorge Teillier aspira al anonimato más absoluto. Lo único que quiere es tener casa y dinero y publicar cien ejemplares para regalar a los amigos. No me interesa hablar de poesía, prefiero conversar con Marchant -rondín del fundo El Ingenio- o el jardinero... Aprendo más y me aburro menos...

Me da la impresión que tú quieres desaparecer detrás de tu obra poética...
Claro. No me interesa ser personaje, porque cuando te ven así, tu poesía pasa a segundo plano. Por eso me agrada ir al bar de “Don Rocha” en La Ligua. No me interesa si escribes o no escribes. En cambio ser poeta en serio es una responsabilidad.

¿Cuál sería entonces la responsabilidad de un poeta?
Desarrollarse como persona y ser testigo de algo, dar un testimonio que alguien en el mundo pueda recibirlo. Pero tú no escribes para ellos... sino para los que se te parecen y no sabes quienes son. Yo soy un solitario como Rilke. Estar con gente, ser un personaje público me da asco.

Algunos críticos te han llamado “el último de los románticos” y otros “el último de los malditos”.
Lo de maldito es un slogan que me han puesto. Soy un tipo tranquilo de casa, no tengo nada en contra... de casi nadie. Tal vez me relacionan por el trago y porque soy un marginal en el sentido de que no me interesa que me vaya bien con la poesía. Poesía es espíritu. Los poetas verdaderos, entre comillas, escriben para tener figuración y eso a mi no me interesa en absoluto, si me llega me llega. La poesía no es una carrera: eso queda para la hípica...

¿En qué se diferencian los poetas del resto de las personas?
¿De quiénes, por ejemplo?

De los panaderos, por ejemplo...
En nada. Efraín Barquero era panadero y poeta y Santos Chávez era pintor y panadero... Tal vez se diferencian en que se creen distintos y no lo son, eso es todo. Claro que los poetas tienen otras necesidades a los seres corrientes. Necesitan ocio, plata, regalos, mujeres que no molesten, tranquilidad. Quieren tener la vida asegurada y eso no quiere decir que no trabajen. “Orden, lujo y voluptuosidad”, como decía Baudelaire. En todo caso yo no tengo ninguna de las tres cosas, ni tampoco las tendré... son puras aspiraciones no más.

¿Por qué necesitan el orden?
La poesía, por ejemplo, estoy escribiendo mis obras completas y no puedo tener horario fijo... que la gente que me rodea también esté ordenada, me gusta mucho eso.

¿A la gente en Chile le interesa realmente la poesía?
No mucho, pero le tienen respeto. Es un sentimiento ambivalente: creen que los poetas son locos, fracasados o extravagantes, pero además piensan que el país ha ganado prestigio con sus poetas. Claro que si tú dices que eres poeta te miran con sospecha... En este pueblo, La Ligua, por ejemplo, hay una vieja tradición de analfabetismo: el primer periódico se fundó en 1882 y ahora no existe ninguno. Pero bueno... en realidad, ¿para qué van a saber leer? En todo caso a mí me confunden con vendedor viajero, incluso me han creído representante de la Coca-Cola. Además este pueblo no me gusta porque no tiene poeta, y un pueblo sin poeta no es un pueblo.

¿Cuál es el poeta de Lautaro?
Todos los lautarinos son poetas excepto los afuerinos, los extranjeros.

Me contabas que hay un regimiento con más de 1000 hombres en Lautaro... tal vez se pueda encontrar algunos poetas...
En el regimiento no hay poetas... hay puras gargantas no más, como decía mi amigo Lisandro Paulsen, que en paz descanse. Era productor de vino y vendía 70 mil litros al mes. Un día supo que a lo mejor trasladaban el regimiento de Lautaro a Curacautín por razones estratégicas: ¡Qué desastre!, se quejaba, si los militares se van voy a tener 1500 gargantas menos... Era pinochetista, pero le importaban un pepino la doctrina de la seguridad nacional y todo eso. Sólo los veía como gargantas.

En tus poemas aparece en forma recurrente la imagen del molino, en especial aquel frente al cual naciste en Lautaro y que después se incendió...
Ese fue un incendio memorable (un espectáculo grandioso)... Cuando se quemó el molino Grobs frente al cual nací, la gente corría detrás de los carros, corrían a buscar trigo tostado, las mujeres de los bomberos lloraban pensando que sus maridos no iban a volver... A mi primo Osvaldo le gustaban mucho los incendios y era bombero. Nos pedía que lo despertáramos cuando empezara uno en el pueblo. En una ocasión le avisamos y preguntó a cuantas cuadras quedaba. Cuando supo que eran ocho, siguió durmiendo... Aquella noche se quemó la mitad del pueblo porque corría viento y las chispas volaron. Mi primo Osvaldo tuvo que arrancar en pijama a la calle, ya que las llamas llegaron hasta nuestra casa.

Tu padre también fue bombero...
Sí, mucho tiempo, pero después lo echaron cuando salió la ley de defensa de la democracia, en tiempos de Videla, le prohibieron a todos los comunistas ser bomberos... También tuve un tío que era maquinista en la ciudad de Victoria. En la locomotora tenía la foto de su mujer y en su casa la foto de su locomotora. Era comunista como mi padre. Además era despreciado por una parte de su familia, porque se había casado con la muchacha que vendía avellanas frente al teatro del pueblo... Recuerdo a otro tío que fue héroe de la Primera Guerra Mundial en la Legión Extranjera y una frase que siempre usaba con placer: “Suicídate, no te vas a arrepentir”, decía muy serio cuando quería levantar el ánimo...

A esta altura de los recuerdos la conversación se interrumpe cuando vuelve la luz a la casa de El Ingenio, que permaneció a oscuras durante un rato por la caída de unas torres en la Quinta Región. Teillier comenta que prefiere los incendios a la dinamita y apaga la vela que había encendido ante la emergencia. Ha llegado Marchant a entregarle su correspondencia. La madre (que vive exiliada junto a su padre en Sucia) ha escrito una carta y Jorge Teillier un poco triste la lee silencioso.

¿Te agrada recibir cartas?
No mucho porque hay que contestarlas, tengo 92 cartas por contestar...

¿Y escribir cartas?
Sí, pero en La Ligua las deposito en el basurero en vez de echarlas al buzón: tienen el mismo color y la misma forma.

Se puede recurrir al teléfono...
Como decía Jack Kerouac: “si te dan ganas de hablar por teléfono mejor escribe un poema”...

Otra posibilidad es vivir de los recuerdos...
No. Considerando a toda la gente a la que debo plata más vale que me olvide. En todo caso no tengo mala memoria, más bien buena. Aunque sea la inteligencia de los tontos, es fundamental para un poeta tener buena memoria.










en revista Kritica, octubre de 1987.















viernes, 22 de agosto de 2008

“Los patanes no se suicidan ni son alcohólicos”. Entrevista a Jorge Teillier por Elga Pérez-Laborde





¿De qué tienes miedo?
M
e asusta ver que la gente es tonta. Yo soy también bastante tonto. Tengo miedo a la crueldad. ¿Lees los diarios? Ayer leí con horror cómo un hombre fabricó las circunstancias para matar a un muchacho de diecisiete años por robarle un pan de mantequilla. Una especie de Marqués de Sade... ¿Has leído al Marqués? Uno está a merced de gente desatinada y uno mismo a su vez obra de verdugo ...

¿Te cuesta menos escribir que hablar?
Me cuesta mucho escribir, porque es un proceso de desdoblamiento... Tú dirás que nadie me obliga, pero me sentiría muerto si dejara de escribir, es como privarse de los sueños... El psiquiatra te los quita.

¿Qué sueñas?
¿Tú me los quieres quitar?

No, sólo quiero saber tus inquietudes, tus motivaciones, tus dolores.
Soy alcohólico. Bueno, fui alcohólico. Ya no; hace tres meses que no tomo. Tú sabes, es una enfermedad...

¿Por qué? Hablame de ti...
No me gusta tener amigos, sólo compañeros de juego. Tomo porque no tengo tiempo, el alcohol contrae el tiempo...

¿No preferirias estar lúcido?
Prefiero no estar lúcido... Tú sabes, el aburrimiento, el tedio. Bebo cuando no estoy en lo que me gusta...

¿Qué te gusta?
Leer. Leo por leer. Leo de todo. Tú que eres periodista debes saber lo que dijo MacLuhan: el mensaje es el medio. Me dio rabia descubrir eso... Me carga ese gallo. Me di cuenta que leo por leer, que la motivación no está en el contenido, sino en la mecánica de leer... Veo películas viejas cuando veo televisión. Me interesan para reconstruir cosas, recuerdos. Me gusta mirar para atrás, pero eso no quiere decir que no me guste el progreso.

¿Te interesa la magia?
Como forma literaria. Tienen la misma raíz la magia y la poesía. Creo que algunos poetas pactaron con la naturaleza. Hicieron conjuros. Todos los pueblos tienen un poeta; es práctico. Entre los esquimales saben encantamientos para cazar focas; saben hacer llover entre los mapuches. Saben pactar con los elementos naturales. Saben, como Orfeo, domar a las fieras con el canto.

¿Y cuál es tu poder como poeta?
Domar a las fieras. Conjurar a los poderes del mal...

¿Pero tienes miedo? ¿De qué más tienes miedo?
El siglo veinte. Siglo de los slogans. Me da miedo el miedo de la gente. No les gusta pensar. Uno es rebelde sin darse cuenta, no acepta valores establecidos. Me gusta el dinero, pero me puedo pasar sin él; he aprendido a prescindir...

¿Y qué sientes ahora, después de –haber ganado- los Juegos Florales?
Es molesto ser poeta laureado. La empleada, cuando supo, me llevó un cartapacio de poemas de su marido, un ex-carabinero. Antes, ni me cotizaba.

Cuéntame algo del poeta...
Soy antiaventurero. Mis viajes son sólo imaginarios. Por eso creo que no me interesan los viajes espaciales... Prefiero soñar y anoto algunos sueños. Sueño poemas.

¿Qué sueñas? Cuéntame algún sueño.
Sueno con la vuelta a un pueblo, que a veces es Lautaro, pero no estoy seguro. Una vez soné que llegaba en verano. Estaban mis parientes y encendían el fuego en la chimenea. Yo subía al segundo piso y allí estaba una niña muy linda que era como para mí. De pronto se ponía vieja, como en Shangri-La, y era porque mis parientes dejaban de atizar el fuego... Así, soné un poema. Lo soné entero y lo mandé a Paula. En realidad mandé cuatro poemas. La gente no quiere soñar, la autocensura, por eso no lee poesía...

¿EI trago te ayuda a soñar?
Bueno, borra cierta inhibición, pero siempre es dañino.

Te habrá acarreado muchos problemas, sobre todo con tus mujeres.
Las mujeres siempre tienen conflictos. La del pueblo es más sabia, sabe que el que bebe va a llegar a la casa. Claro que a veces se extralimita y le pega, pero ésa es una muestra de amor del marido que no tiene lenguaje... El chileno no tiene lenguaje. Nos falta expresarnos, somos pobres de expresión. Cuando decimos “tropicalismo” les tenemos envidia a los tropicales. Ellos son mucho más sanos. La mujer humilde ve al hombre que bebe como un niño que anda con sus amigotes. Las más civilizadas o intelectuales creen que pueden cambiarlo. Se aprobleman.

¿Y qué mujer sería Ia adecuada?
Francis Jammes repitió algo que dijo Baudelaire y que yo pienso ahora: la mujer que convive con el poeta debe ser adolescente o prostituta. Son menos conflictivas. Claro que si pones eso mi mujer va a decir que soy un inmaduro...

¿Cómo es tu mujer?
Mi mujer es sensible y encantadora. Ella es estimulante.

¿Qué edad tienes?
41 años. Mi cumpleaños lo celebré quebrándome la nariz.

¿Por qué dices que las intelectuales son conflictivas?
La mujer madura y realizada es conflictiva porque tiene su mundo propio y quiere incorporarte. Uno está entregado al prójimo y éste es algo abstracto. ¿Sabes? No me gustaría que mi hija estuviera casada con un poeta de verdad.

¿Cuáles son los poetas de verdad para ti?
Góngora, Eliseo Diego (se parece a mí en versión mejorada), Baudelaire, Dylan Thomas. A veces leo traducciones y eso me hace sospechar. Pero también leo poetas en alemán aunque no entiendo nada. Puedo sentirlos e invento poemas sobre ellos. Tengo afinidad con los nórdicos. Es el sur que pesa...

Dijiste que tenías miedo del siglo XX.
Nos apoderamos de las cosas y después las cosas se apoderan de uno. Yo no quiero tener cosas. Quiero vivir en el siglo XIX en algunos aspectos.

¿También le temes al dentista?
No. Soy dejado, como buen chileno. Mi parte francesa me lo reprocha mucho...

Háblame de tu mundo afectivo.
Me da miedo la falta de disponibilidad de uno mismo en la pareja. Yo soy muy egoísta, mezquino. No me gusta pedir y no me gusta dar nada. Soy poco afectivo, poco efusivo. No me gusta prestar libros. No presto cosas. Sólo quiero relacionarme de paso no más con la gente.

¿Qué haces en un día cualquiera habitualmente?
Escribo cartas a mi familia. Le escribo a un rumano que admira a Teófilo Cid, a quien le debo el Premio Paula.

¿Por qué a él?
Hice una manda (no la puedo decir). Sólo que en homenaje a Teófilo Cid.

Háblame de él.
Fundador del surrealismo chileno, grupo Mandrágora. Un «dandy» de la miseria. Un tipo que se autoinmoló.

¿Por qué te encomendaste a un poeta?
Algo harán por uno los poetas en el paraíso. Se preocuparán de lo que les preocupaba en la Tierra. A lo mejor hacen concursos.

A los miedosos suele gustarnos el humor. ¿Te interesa?
Leo mucho humor. Me gusta cuando muestra el lado verdadero de las cosas. El humorista es un hombre que se atreve a algo. Un rebelde valiente. Me gustan los actos de humor.

¿Cuál es un acto de humor?
Anunciar que uno se va a suicidar y hacerlo.

¿Eres un suicida latente?
Soy un suicida latente como toda persona respetable. Los patanes no se suicidan ni son alcohólicos...

Supongo que hay algo a lo que no le temes...
No le tengo miedo a la muerte. EI temor a la muerte es señal de buena salud. Quiero creer en la inmortalidad, pero no me la imagino. Por eso no soy un gran poeta: me falta la capacidad de visión, de revelación.




Santiago, I976
en Jorge Teillier: Entrevistas (1962-1996)






jueves, 29 de mayo de 2008

"Teillier, el último romántico". Entrevista a Jorge Teillier por Bárbara Délano






- En el prólogo a Muertes y maravillas dices que la infancia está presente en tus poemas "porque es el tiempo más cercano a la muerte". Pero esta infancia -aclaras- no es una infancia idealizada, exenta de males, es "una recreación de los sentidos para recibir limpiamente la admiración ante las maravillas del mundo". Respecto a esto, lo que más me llama la atención es la frase final del párrafo: "nostalgia sí, pero del futuro, de lo que no nos ha pasado pero debiera pasarnos". ¿Te refieres entonces a que tu recurrencia a la infancia más que una retrospección lírica es un intento por recuperar lo perdido, lo lárico?
Napoleón tiene una frase que es muy ofensiva para mí: "Los tontos piensan siempre en el pasado, los inteligentes en el presente y los locos en el futuro". Yo vivo más en el pasado que en el presente. El presente y su contingencia no me interesan. En cambio lo que pasó se puede inventar, recrear. Es algo que está vivo en mí, quizá una no-superación anímica, inmadurez tal vez. Creo que en la fuente de todo poeta hay una inmersión en el pasado, que es, como tú dices, nostalgia de un futuro, de haber perdido un mundo que fue mejor, que no va a existir (soy pesimista por naturaleza), el mundo de la casa natal, de la protección, de la pureza primitiva, de los compañeros de juego que se han transformado en amigos bebedores.

- ¿El tiempo perdido?
El tiempo perdido, otro siglo que no sea éste, que no me gusta nada.

- ¿Qué tratas de decir en tu poesía?
No trato de decir nada a propósito. No creo en la poesía de mensaje que va ha cambiar el mundo. Lo único que podemos aportar es un poco de irrealidad, de magia de belleza, es como ver películas mudas o tarjetas color sepia.

- ¿Cuál es el proceso de creación? ¿Cómo se da en ti el desarrollo para llegar a elaborar un poema?
En primer lugar, para mí los estímulos son muy importantes. Por ejemplo, salí a pasear con mi hija Carolina (después de muchos años) y en eso hay toda una cosa fellinesca. Curiosamente ella se acordaba solamente de las vivencias de la infancia. Con esto quiero decir que lo que importa no es el paisaje, sino el hombre en el paisaje. A veces sueño los poemas y luego los escribo, o me estimula fijar un estado de ánimo, como una fotografía. Rara vez corrijo. Prefiero hacer varias versiones. A veces queda así, otras podo en exceso quitando espontaneidad. En esto no hay sistematicidad, sólo destellos, servilletas dejadas en los bares, poemas arrugados en mis bolsillos. En realidad, nunca sé en verdad lo que voy a decir hasta que ya está dicho.

- Daniel Barros, en su trabajo Poesía Sudamericana actual dice que eres un poeta que "cuenta cosas". Y creo, efectivamente que, en este sentido, tu poesía carece de intelectualismo y se acerca más a lo pictórico y a lo cotidiano.
Yo no soy poeta de pensamiento abstracto. Siempre recurro a comparaciones ligadas, concretas. No me interesa la vida interior. Mi poesía efectivamente, es pictórica y tiene ancestros campesinos en la preocupación por lo cotidiano, por los detalles, por el fuego de la chimenea, en fin.

- Dijiste que no te interesa dar un mensaje en la poesía. Sin embargo mencionaste que la poesía es como fijar un tiempo, dejar constancia de algo. Estoy pensando en tu poema "Treinta años después", en el cual hay mucho de testimonio, de mensaje.
Pero referido siempre a un estado de ánimo subjetivo. Eran los cambios que venían, una especie de adelantamiento del futuro. En mi último libro Para un pueblo fantasma - y lo dice Jorge Boccanera, un crítico y poeta argentino- el pueblo fantasma puede ser perfectamente Chile. Así como desaparecieron mi casa natal y mi familia, en gran parte desapareció también una forma de ser de un país, un tono de fraternidad, gratuidad, de menos utilitarismo... otro ritmo.

- Pero eso no tiene nada que ver con dar un mensaje en el sentido de mostrar una alternativa, abrir un camino concreto, estereotipar una salida.
Exactamente. Sin embargo, así como Chile, mi poesía ha cambiado (y esta es quizá la relación de testimonio que existe). El otro día me preguntaron por qué era tan trágica. Respondí que no estamos en un país muy alegre precisamente, a pesar del Jappening con Ja. Eso se refleja en mi poesía, que ha comenzado a ser menos melancólica y más depresiva.

- ¿Y que pasó con esa veta de treinta años después?
Las circunstancias hicieron que yo definiera mi camino por otro lado. Además, aquí en Chile tenemos la censura, que implica una autocensura muy grande. La situación del escritor es desalentadora. La polémica al respecto, planteada por la SECH, debe ser continuada.

- ¿Cómo puedes explicar tu interés por el box, aparentemente tan disímil con la poesía?
Me interesan los boxeadores como personajes trágicos (aparte, yo nunca peleé cuando niño: soy cobarde). Los boxeadores siempre terminan como Laurel y Hardy: "tristes, solitarios y finales". Son como gladiadores modernos. Y, como soy pesimista, también yo siento que voy a terminar como gladiador golpeado. De alguna manera están solos contra el mundo y después el mundo los abandona.

- De ti dicen que eres el último romántico.
Siempre habrá un último romántico.

- En el mismo prólogo ya citado declaras que para ti la poesía es un modo de ser y actuar; tu instrumento contra el mundo concebido como "otra visión del mundo" ¿Compartes aún esta afirmación? ¿Crees en el valor material, vivencial de la poesía? Y perdón que sea reiterativa: ¿qué es la poesía para ti?
Es el vaso de vino tinto que no me puedo tomar al almuerzo, algo que te ayuda a vivir. Me gusta vivir, pero me mata. Podría ser al revés ¿no? El futuro para mí está negro, por eso me estoy poniendo religioso. Según mi hijo es puro oportunismo.












en El Caballo Rojo, suplemento de El Diario de Marka.
Lima, 15 de enero de 1984.